Ante el ambiente cultural reinante, recuperar a Machado nos ayuda a renacer -volver a ese añorado sentidiño común-. Que las piezas cuadren, que no caigan los tornillos, que no chirríen los oídos.

Se duda de que exista la verdad, el bien y el mal, arrancando de cuajo los 7 pecados capitales que son sustituidos por infinidad de normas no escritas. ¿Si no existe el mal cómo es que se trata al disidente de demonio? No te salgas de la norma, que una retahíla de nuevos obispos te sancionará con mano de hierro.

Esta grisácea cultura donde los males siempre tienen apellidos, donde cojea la razón en detrimento de la armonía, dictadura de lo grupal y gregario, protagonismos sin valores añadidos. Nos decían que no hay software y ahora que no hay hardware.

Brujuleando con Juan de Mairena, donde las comillas importan más que mis letras: “la verdad es la verdad lo diga Agamenón o su porquero” y continúa diciendo “Porque el hombre ama la verdad hasta tal punto que acepta la más amarga de todas” en referencia a la muerte. ¡Ay Don Antonio! Que no engarzamos con tanta ocurrencia.

“Quien afirma que la verdad no existe, pretendiendo que eso sea verdad está incurriendo en palmaria contradicción” y nos avisa de no tratar de convencer al escéptico ya que la argumentación no es su fuerte.

Don Antonio vuelve y formatea esta cultura que tiene que ser renovada con un pelín de raciocinio y una frenada a la inventiva estéril y rancia. Nos dirás que lo novedoso apedrea a lo original -crea valor verdadero y estable en el tiempo-.

“¿Qué nos diría usted de un optimista con sentido común? ¡Ah miel sobre hojuelas! Pero ya sabe usted lo difícil que es eso, amigo Mairena”.

Y decía, refiriéndose a los arribista y reformadores de oficio: hay cosas mal por fuera y bien por dentro; lo contrario es también frecuente; no basta mover para renovar; no basta renovar para mejorar; todo puede empeorar.

Y acabamos con aliento, contentos como el poeta, una cultura con voz, no cabe mejor propuesta: “Prefiero la rima pobre, la asonancia indefinida, cuando nada cuenta el canto, acaso huelga la rima”.

Y en su chaqueta encontraron, muerto ya: “aquellos días azules, aquel sol de la infancia” volver a Machado, no ha mucho que era referente cultural admirado y cantado.