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Javier Cuervo.

Un millón

Javier Cuervo

Las niñas invisibles

Beatriz Zimmermann, la madre de Anna y Olivia, ha puesto la vista en lo que realmente sucedió en el secuestro y asesinato de sus hijas en Tenerife, un filicidio en el que las máximas perjudicadas fueron dos niñas de uno y seis años, inocentes, inofensivas e indefensas, cometido por un macho con un grave trastorno de personalidad que, por contrario a la razón que parezca, no se puede pensar como locura por razones legales o ideológicas y puede que psiquiátricas.

Mientras intentábamos encontrar sentido al sinsentido de este crimen premeditado, articulado en movimientos precisos, con medios de transporte por tierra y mar, gran variedad de instrumentos, herramientas y cálculos precisos que desemboca en el momento inimaginable de matar a sangre fría a dos seres hermosos que has visto crecer y que dependen de ti, aparecieron en seguida en el telediario una ristra de mensajes en mayúsculas escritos sobre esos dos cuerpos tan pequeños que dejaron de verse y lo que eran niñas muertas se convirtieron en herramientas de tortura para la madre, según el PSOE; en el motivo por el que el PP implantó la pena de prisión permanente revisable; en el impulso para que se atienda la cadena perpetua que reclama Vox para Tomás Gimeno (el padre asesino que probablemente se condenó a muerte para rematar su comportamiento) y para Ana Julia Quezada (en prisión por matar a Gabriel Cruz, hijo de su pareja) y en una desgracia que era feliz coincidencia para exigir la libertad de Juana Rivas, que sustrajo a sus hijos alegando guardarlos de un padre maltratador. (Juana está en prisión y se entendería que se le aplicase una tolerancia uno a su delito, si es decimal la escala que sigue a la tolerancia cero).

La carta de Beatriz Zimmermann, con más sosiego y sindéresis que el vocerío oído en y radio, leído en periódicos o bramado en Twitter, insiste en que hay que proteger a los niños porque su perspectiva es la de la madre que ve a sus hijas muertas. Le queda un dudoso privilegio que sólo sienten los vivos: el dolor. Ojalá lo supere o lo contenga.

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