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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

El “furor eólico”

Es curioso que la noticia publicada en este periódico acerca de los planes de una empresa española para ubicar plantas de energía renovable frente a las costas gallegas haya provocado protestas de la oposición. Curiosidad que suscita esa reacción, en la medida en que según dicen BNG y PSdeG-PSOE, la Xunta padecería una especie de “furor eólico” que la empujaría a aceptar cuantos proyectos se le presenten. Es una interpretación hecha desde la opinión personal, por supuesto, pero se basa en los términos planteados por la izquierda parlamentaria gallega.

Ambas organizaciones protestantes creen posible que se aprueben sin más esos proyectos. Un supuesto infundado, en la medida en que el Ministerio para la Transición Ecológica tiene mucho que decir y decidir; de hecho, y así acaba de recogerlo FARO, ya ha establecido zonas –Val Miñor, Ortegal y costa de Lugo– y distancia –20 kilómetros mar adentro– de cara a futuros polígonos eólicos. Lo del “furor” tendría, de existir, que aplicarse a las dos administraciones. Y su reproche quizá se entienda mal por un Gobierno “verde” como el del señor Sánchez.

(Conste que a esto de la energía eólica se le podría aplicar el dicho evangélico según el que “quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Y lo sería –aplicable– porque tanto el BNG y el PSdeG-PSOE como el PPdeG anduvieron en pleitos a causa de los concursos que para adjudicar megavatios convocaron unos y otros. Y, por cierto, sin que a día de hoy se entiendan bien los fundamentos de los litigios respectivos. Para algunos, todo ello “cheiraba raro”, y ya se sabe que el olor, en política es como el humo: permite determinar donde está el fuego. O el lío).

Sea como fuere, y quizá para evitar malos entendidos y sosegar ánimos –en esto del aire como generador de energía hay mucho dinero por medio–, el vicepresidente segundo de la Xunta y conselleiro de Economía ya dijo que el Gobierno gallego había rechazado un alto porcentaje de propuestas de explotación por no ajustarse a las normas. Algo que, además de ser lógico, es destacable en estos tiempos de confusión y ruido mediático. Lo que no procede es perder la perspectiva y acabar siendo más papista que el Papa. Siempre dentro de la ley, por descontado.

Y es que, dicho desde la opinión personal y con todas las cautelas, en lo que a Eolo respecta procede ir con calma, no vaya a ser que se cumpla lo de que “quien siembra vientos recoge tempestades”. Ironías aparte, resulta evidente que las aguas gallegas son apetitosas para los que apuestan por las energías renovables, y tal como funciona hoy el mundo financiero y mercantil, conviene redactar normas de control precisas y contundentes, y a la vez aplicarlas con sensatez. Porque hay mucho en juego, una competencia feroz y una perspectiva de negocio despejada. Por eso, y puestos a hablar de furores, habría que reclamarlos a la hora de cuidar que nadie se pase de listo.

¿No...?

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