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Juan Tapia.

Nuestro mundo es el mundo

Juan Tapia

¿Indultar cuatro años después?

En Cataluña, la medida rebajaría la tensión y contribuiría a recuperar la normalidad. Pedro Sánchez afronta la decisión más difícil. Pero recuperar cierta concordia es esencial

El eterno problema catalán sigue ahí. El de Euskadi fue peor porque ETA puso en jaque al Estado. Pero el fin de la violencia, la admisión constitucional del concierto y el tino del PNV han cambiado todo. Por el contrario, Cataluña se envenenó tras la sentencia del Constitucional de 2010 sobre el Estatut votado en las Cortes españolas. Y todavía más con el referéndum y la declaración unilateral de 2017.

El independentismo se queja de la judicialización de la política. Tiene parte de razón, pero cuando se violan leyes relevantes –como el propio Estatut– es incoherente lamentar luego la reacción de las autoridades judiciales.

Los hechos son que el Parlamento español –con apoyos del PP y el PSOE– votó el 155, que hubo de inmediato nuevas elecciones, y que el independentismo revalidó su mayoría absoluta. Y casi dos años después el Supremo dictó sentencias de prisión, de hasta 13 años, para los dirigentes procesados.

Pero la sentencia no ha resuelto el conflicto. Los independentistas –divididos– han vuelto ahora a ganar las elecciones, Cataluña está partida en dos y la gobernación de España sigue medio bloqueada.

¿Qué hacer? La justicia dictó sentencia y se está cumpliendo pues los condenados llevan casi cuatro años de prisión. Los dirigentes de 2017 están en la cárcel (o en Waterloo), pero sus herederos siguen ganando elecciones y el desbloqueo será muy difícil mientras los referentes de esos partidos estén privados de libertad. Cataluña y España continúan bastante bloqueadas.

Los principales partidos catalanes –e incluso activistas contra la independencia, como Josep Ramon Bosch, que organizaron las grandes manifestaciones de Sociedad Civil Catalana– creen que el indulto permitiría desinflamar. Y los catalanes –el 48,7% está contra la separación, según la última encuesta del CEO de la Generalitat– son favorables al indulto en un 70%. Y parte del separatismo no los desea precisamente porque teme la desinflamación.

Pero las derechas españolas están muy en contra. Hay motivos lógicos –las sentencias deben cumplirse y el separatismo las enerva–, pero también hay incomprensión (incluida la mediática) y sus partidos creen que los indultos –si se dan– debilitarán al Gobierno.

El Gobierno de González indultó al general golpista Armada y Aznar, en un gesto sensato, a Vera y Barrionuevo

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Las cosas son así y Pedro Sánchez afronta la decisión más difícil. Pero recuperar cierta concordia es esencial. La ley se está cumpliendo y la ley da al Gobierno la facultad de indultar. El Gobierno de González lo hizo con el general golpista Armada y Aznar, en un gesto sensato, con Vera y Barrionuevo.

La Fiscalía se opone. Lógico, pues ya quedó frustrada cuando el Supremo no les condenó por rebelión. El Supremo los juzga inaceptables. Es comprensible porque es el tribunal sentenciador y en un asunto que afecta a la unidad de España. Pero el indulto es facultad del Gobierno si lo cree de “utilidad pública”, que no es un concepto jurídico sino solo político. La ley dice que el Gobierno puede actuar según su criterio. Y el indulto ayudaría a recuperar normalidad.

Es lógico que los contrarios lo critiquen, pero sería negativo que pasaran a deslegitimar e intentar impedir lo que consagran las leyes. Y sería una pesadilla que estos indultos –que deben buscar la concordia– fueran el germen de otro gran cisma. La derecha ya debería saber que excitar el lógico patriotismo contra medidas que intentan rebajar el conflicto catalán solo complica mas las cosas. Rajoy recuperó el poder, contra Zapatero, haciendo campaña contra el Estatut de 2006 y luego tuvo que recurrir al 155 (y al apoyo de Sánchez) para abortar una declaración de independencia.

Los indultos necesitarían un clima de consenso muy distinto al actual. No toda la culpa es del PP, pero es penoso que, respecto a Cataluña, PP y PSOE solo acuerdan algo cuando, como en 2017, la política del PP ha acabado mal.

En todo caso, los indultos no deberían haberse convertido en una turbia guerra de intereses. Al final hay medidas difíciles, incluso quizás impopulares, que resultan positivas. Un veterano empresario me decía el viernes que quedó horrorizado cuando en 1977 Adolfo Suárez legalizó, por sorpresa y en Viernes Santo, al PCE. Acertó porque aquellas elecciones fueron el cimiento de la Constitución.

No, no estamos ahí, pero…

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