Siempre he admirado la sensibilidad de un fotógrafo que consigue plasmar con su cámara realidades y, mágicamente, las convierte en sensaciones. Hoy, la imagen de un niño sentado sobre las ruinas de lo que había sido su hogar en Gaza transmitía magistralmente la miseria material y humana extrema de quien, ya sin nada, mira al infinito preguntándose qué tan importante puede ser lo que lo ha llevado a estar hoy solo, sin familia, sin futuro, sobre las ruinas de lo que fue su hogar. Aún hoy cuando nos cruzamos con ellos por nuestras calles comentamos: ¡qué carácter frío tiene esta gente!

En fin... seguimos asentados en la tranquilidad que proporciona nuestra fuerte oposición moral a la injusticia social desde la cómoda posición que proporciona el trasladar las responsabilidades a los que damos caña a diario pero elegimos cada cuatro años para que protejan nuestra hacienda y nuestra conciencia.