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Pilar Garcés opinión

El derecho a no decidir

El peor momento del embarazo lo viví cuando, en la visita de la semana 37, el médico me planteó si quería parto natural o cesárea. “¡Natural!”, respondí feliz dado lo maravillosamente bien que me encontraba. Él empezó a describirme los peligros de mi decisión, sin escatimar detalles, pues uno de los niños estaba mal colocado. “¿Cesárea entonces?”, dije con un hilo de voz. Él empezó a describirme los espantosos riesgos de la cesárea, sin guardarse nada, “pues estamos hablando de una cirugía importante”. Bloqueo, temblores. “¿Qué me aconseja usted?”. No quería aconsejarme: “Hay momentos en la vida en que es necesario tomar decisiones por uno mismo”, me espetó. Le contesté que lo sabía perfectamente y que no había llegado hasta allí sin asumirlas, aunque tampoco había estudiado Medicina. Siempre recordaré a las tres enfermeras que se me acercaron y me confortaron. Su tacto y una llamada a mi ginecóloga (resolutiva, cariñosa, empática, eficaz) me sacaron de una encrucijada en la que no merecí que se me metiera porque a partir de ahí el miedo ya no me abandonó.

Puede que otras mujeres hayan salido más airosas de situaciones semejantes. A la consulta de mi hermana llegan pacientes con la fotocopia de la prótesis de cadera que desean ponerse y que han encontrado por internet, con excelentes valoraciones de los usuarios. Bravo por ellos y por sus deseos de colaborar, salvo cuando lo que le muestran es una prótesis de rodilla o un artefacto que ya no se fabrica. En ese momento se ilumina la razón por la que los que llevan la bata blanca son quienes deben hablar, recomendar y llegado el caso, decidir.

La autonomía del paciente está muy bien, es un logro de la evolución asistencial y merece cuidarse. Siempre que no sirva para que quienes cobran por tomar las decisiones se escaqueen de sus responsabilidades, y de las consecuencias de sus actos, cuando la cosa se complica. Es lo que creo que está ocurriendo con la segunda dosis de AstraZeneca que han de ponerse miles de personas. Les inocularon la primera por decisión administrativa, y ahora deben firmar un consentimiento informado para recibir la siguiente, o decantarse por un preparado de otra marca por sus propios medios y ateniéndose a los resultados.

El famoso doctor Google ha abierto consulta en la Seguridad Social. Cuando se entra en ella, aparecen los cientos de miles de noticias falsas que se han publicado respecto a AstraZeneca, junto a los blogs de los negacionistas, las informaciones sobre los dictámenes (contradictorios) de distintos organismos internacionales, y los resúmenes de las ruedas de prensa que ministros y ministras han ido dando, que aportan conclusiones divergentes y/o balbuceantes. ¿Ya sabes qué te vas a poner? Pues una firmita que exculpe a nuestras autoridades si vienen mal dadas. Cómo se atreven a colocar en semejante tesitura a una parte de la población que ejemplarmente se vacunó cuando se le dijo, y con el preparado que se le adjudicó.

La desescalada de las responsabilidades en esta crisis sanitaria pasó del Gobierno a las autonomías, y de estas a los ciudadanos cuando a los políticos les ha parecido. Como por debajo de cada uno de nosotros no hay nadie en quien descargar, solo desear la mejor de las suertes y aciertos a todos, y que su dosis de recuerdo se les mantenga en la memoria al menos hasta las próximas elecciones.

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