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Joaquín Rábago.

360 grados

Joaquín Rábago

¿Qué dice ahora Vargas Llosa?

“Si todas las naciones latinoamericanas tuvieran una clase política como la de Colombia, otro sería el destino del continente”.

“La clase empresarial colombiana, muy moderna, ha hecho prosperar el país a unos niveles que envidia el resto de América Latina”.

Son palabras recientes, entre otras muchas, del Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, del que a uno le gustaría saber qué tiene que decir ahora sobre lo que sucede en el país que elogia con tanto entusiasmo.

¿Nada se le ocurre, por ejemplo, a don Mario sobre la marcha, peor que renqueante, del proceso de Esclarecimiento de la Verdad y Reparación de Colombia, impulsado en su día el presidente Juan Manuel Santos?

Desde el acuerdo de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Gobierno de Santos (diciembre de 2016), que le valió a este el Nobel de la Paz, van asesinados más de 260 exguerrilleros.

Asesinatos a lo que hay que añadir los de 1.160 activistas sociales. La inmensa mayoría de esos crímenes siguen sin esclarecerse y la impunidad que los rodea no hace sino alentar otros nuevos a manos de los paramilitares de extrema derecha.

En las regiones de Colombia antes controladas por las guerrillas se han producido mientras tanto un vacío que no ha logrado llenar el Estado colombiano y que ahora ocupan los cárteles de narcotraficantes y bandas de criminales.

¿Cómo olvidar, por otro lado, el fenómeno de los “falsos positivos” : es decir, los asesinatos extrajudiciales, ocurridos entre 2002 y 2008, de más de más de 6.400 civiles inocentes a los que se presentaba como rebeldes muertos en combate para poder cobrar primas u obtener permisos del Ejército?

Ese país de gobierno y empresarios modélicos del que habla el novelista es además escenario, desde hace semanas, de protestas callejeras contra precisamente el tipo de políticas que con tanto vigor como convicción él defiende.

Protestas masivas contra una reforma tributaria, finalmente retirada, tendente, según el Gobierno, a paliar los efectos económicos de la pandemia, pero que iba a afectar negativamente sobre todo a las clases medias y trabajadoras.

Keiko le parece ahora ‘el mal menor’ pues, según él, ofrece al menos la garantía de que continuará ‘el sistema democrático’ que hay en Perú

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Protestas que llevan muchas veces a cabo de forma conjunta obreros, campesinos, indígenas y estudiantes, unidos todos ellos contra el aumento de la pobreza, del desempleo y la desigualdad pero también contra la violencia de las fuerzas del orden.

La lujosa atalaya de la madrileña Puerta de Hierro donde está instalado actualmente don Mario no parece el lugar idóneo para juzgar, como hace periódicamente el novelista metido a propagandista del neoliberalismo, la realidad de aquel continente.

Abierto simpatizante de la sociedad Mont Pelerin, creada en 1948 por Milton Friedman y Friedrich von Hayek, que inspiraron las políticas económicas de Pinochet, Reagan y Margaret Thatcher, Vargas Llosa intenta ahora con sus artículos dar continuas lecciones de democracia y liberalismo.

¿Lo hace cuando anima, por ejemplo, a sus compatriotas a votar por Keiko Fujimori, una política que, en palabras del conocido periodista y columnista peruano César Hildebrandt (1), representa “una nueva alianza entre civiles conservadores y militares corruptos”?

Una nueva alianza como la que, con su asesor Vladimiro Montesinos, puso a punto el padre de Keiko, Alberto Fujimori, condenado a 25 años de cárcel por corrupción, secuestros y otras graves violaciones de los derechos humanos, y del que Hildebrandt escribe que “no tuvo límites ni escrúpulos” y se convirtió “en una banda de asaltantes del Estado”.

Su hija, Keiko, le parece, sin embargo, ahora a Vargas Llosa el “el mal menor” pues, según él, ofrece al menos la garantía de que continuará “el sistema democrático que tenemos instalado en Perú”.

Algo que no ocurrirá, predice, si gana el otro aspirante, el profesor y dirigente sindical de origen humilde Pedro Castillo, quien, con su política de “extrema izquierda”, amenaza convertir al Perú en “una nueva Venezuela”.

Pese a no hacerse tampoco demasiadas ilusiones sobre Castillo, Hildebrandt ha lanzado un desafío a Vargas Llosa para el caso de que finalmente gane su favorita, a la que el novelista ha invitado a un foro sobre “desafíos de la libertad” que organiza su Fundación Internacional para la Libertad.

“Reto a Vargas Llosa- escribe Hildebrandt- a que venga a vivir en Perú, que venga con toda su nueva familia. Que deje Puerta de Hierro y se instale en Barranco. Quizá allí pueda escribir, finalmente, algo parecido al arrepentimiento”.

(1) Semanario “Hildebrandt en sus trece”.

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