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Juan José Millás.

El trasluz

Juan José Millás

Obsesiones

Nos acabamos de dar cuenta de que las ancianitas que no tienen coche y que no salen de casa tampoco deberían pagar el mantenimiento de las carreteras. Dado que las carreteras y las ancianitas existen desde tiempos inmemoriales, es raro que hayamos tardado tanto tiempo en advertirlo. Le debemos el descubrimiento a Pere Navarro, director general de Tráfico, que no mencionó a los ancianitos porque ellas dan más pena y de lo que aquí se trataba era de utilizarlas a fin de provocar un sentimiento dirigido a despistar al contribuyente. Lo que, en resumen, vino a decir Navarro es que pague las cosas aquel que haga uso de ellas.

Curiosamente, la derecha neoliberal ya proponía lo mismo hace años: ¿Por qué he de pagar yo la educación pública cuando llevo a mis hijos a un colegio privado? Mis impuestos, añadían, deben gastarse aquello de lo que me beneficio de manera exclusiva. La idea caló hasta el punto de que se les compensó con el invento de los colegios concertados, por lo general de curas o monjas, que cobran del erario, aunque en la práctica se reservan el derecho de admisión. Pobres fuera. Los pobres no pueden pagar las clases extras de piano que constituyen un bocado importante del negocio. Para qué necesita un pobre tocar el piano siendo que se pasa el día tocándole los cataplines al sistema.

Para un rico, 500 euros del ala son una risa, mientras que para un trabajador viene a ser la mitad de su sueldo

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Pere Navarro es un excelente político. Sus decisiones han evitado muchas muertes en la carretera. Pero se ha contagiado de la demagogia reinante, cuya capacidad de infección es mayor que la variante brasileña del virus. Así las cosas, debería darse cuenta enseguida de que es injusto y mucho, que el dueño de Mercadona pague, por idéntica infracción de tráfico, lo mismo que uno de sus conductores. Para un rico, 500 euros del ala son una risa, mientras que para un trabajador viene a ser la mitad de su sueldo. Es increíble que aún no lo haya advertido, tan increíble como que el gobierno ignore a estas alturas que el IVA es el impuesto más injusto que quepa imaginar, pues no tiene sentido que Amancio Ortega y yo paguemos la misma cantidad por la misma barra de pan de masa madre. De modo que, si nos han de cobrar por ir en coche de Madrid a Asturias, háganlo, pero no se escuden en las ancianitas.

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