Ha sido objeto de excitación televisiva estos días el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, acusado de haberse fumado un puro en el interior de un restaurante. Hombre, sin pretender atenuar la enorme, la inmensa gravedad de su pecado, creo que en el ranking de tropelías políticas esta ocupa un lugar muy discretito. Pero la tele necesita excitación y el puro de Revilla ha servido para rellenar los info-shows durante unas horitas. Más que el Revilla fumador, en casa nos ha interesado el Revilla que hemos visto en la nueva temporada de Jesús Calleja (“Planeta Calleja”, Cuatro).

Calleja y Revilla, en “Planeta Calleja”. | // CUATRO

Pidió Revilla a este programa que le subieran a una cueva situada en los abruptos montes de Liébana, de acceso dificilísimo, en la que vivió escondido, de 1940 a 1944, el maquis –o emboscado como los llamaban en Cantabria– Segundo Bores. ¡Ah! Estaba subyugado Revilla con la tremenda historia de este maquis, y Calleja, que es muy listo, montó una película de suspense muy efectiva. ¿Podrá Revilla, con sus 77 años de edad, escalar prácticamente 30 metros de pared completamente vertical? Calleja no paraba de hacernos esa pregunta. Nos tenía el alma en un puño, que es lo que se pretendía. Tirolinas, cuerdas, cascos, alpinistas de refuerzo... ¡Ahhh! Qué gran despliegue. Las cabras que pudiera haber por allí seguramente fliparon mucho.

No pudo finalmente Revilla llegar hasta la cueva. Comenzó a soplar un viento terrible. El presidente de Cantabria podría haber acabado despeñado. Pero Calleja llegó, y encontró restos, de objetos, hasta una especie de camastro, de aquel maquis que estuvo allí escondido hace 81 años. O sea, concluida la fase de espectáculo y de suspense sobre las posibilidades alpinistas de Revilla, emergió lo interesante: la historia de Segundo Bores, maquis antifranquista que acabó acribillado a tiros.

Si yo pudiera hoy llamar por teléfono a mi querido y recordado Eduardo Pons Prades me contaría que Bores seguramente pertenecía a la 6ª Brigada Guerrillera Ceferino Machado. ¡Ah! En los años 80, Pons Prades y su esposa, la también excelente y comprometida escritora Antonina Rodrigo, me contaron muchas cosas de los maquis. Conocían muy bien ese movimiento guerrillero. El toque de Calleja al menos ha servido para recordar un poco esa parte de la historia tan olvidada hoy en día. Hoy lo que a la tele le interesa es el puro de Revilla.