Cuando apenas han transcurrido cinco meses de 2021, ya puede anticiparse con bastante certidumbre que la adquisición del convento de Santa Clara por el Concello de Pontevedra va a ser la noticia del año, por no decir un notición. Un acontecimiento de tal calibre solamente ocurre de tarde en tarde por estos tranquilos pagos, ni siquiera garantizado entre años bisiestos.

De esa forma han recibido la buena nueva, tanto nuestros principales referentes de andar por casa, como otras figuras destacadas de los ámbitos, históricos, artísticos y culturales de Galicia. Nadie ha escatimado elogios a esta gran operación de compra-venta, hasta el punto de que seguramente nunca hasta ahora, en lo que va de siglo XXI, una acción promovida por el gobierno municipal de Lores había suscitado tantos y tan fundados parabienes.

Si ejemplar ha resultado la negociación abierta entre las clarisas y los munícipes durante los últimos meses, otro tanto hay que desear y yo diría que también exigir, en cuanto al procedimiento de decisión sobre la nueva vida que dar al magnífico cenobio. Es decir, que no se entendería una postura desafortunada, ni mucho menos una metedura de pata pura y dura, a la hora de acordar el uso o los usos venideros de Santa Clara.

Inevitablemente, unos y otros no han podido resistirse a la tentación de apuntar sus preferencias y reseñar sus criterios, entre el amplio abanico de opciones posibles que ha abierto esta operación de altos vuelos. FARO ha recogido una muestra representativa de esas opiniones divergentes que, en cualquier caso, invitan a una calmada reflexión para despejar las incógnitas consiguientes. Sin duda, la precipitación o también la obcecación serían malas consejeras en esta cuestión de estado para Pontevedra.

Sobre la operación de compra-venta de Santa Clara, el Concello ya logró lo más difícil, que era hacerse con su titularidad. Sin embargo, no está dicha la última palabra, que también resulta fundamental para lograr un final feliz: en definitiva, que es lo que va a ser o en que va a convertirse el histórico convento.

El Meollo de la cuestión, por tanto, está en conocer que tipo de procedimiento va a emplear el Concello para decidir tan relevante transmutación, y vislumbrar de paso si el nuevo destino va a concitar o no un deseable consenso mayoritario cuando menos, frente a una unanimidad seguramente imposible.