Disneyland Resort es un parque de atracciones de Estados Unidos. Allí hay una atracción, Las aterradoras aventuras de Blancanieves, que según leo en la prensa ha provocado el espanto de algunos visitantes no tanto por los sustos típicos de una feria sino por algo mucho más previsible en tiempos de corrección política y paranoia cultural: el beso del príncipe azul a la princesa inconsciente. Según algunos expertos (expertos en la especialidad de encontrar motivos para ver el mundo como un lugar hostil) ese beso no consensuado del cuento no debería volver a mostrarse en 2021.

Blancanieves y los siete ofendiditos

Sostienen que la atracción justifica el abuso sexual y ensalza el amor romántico, ese diablo del siglo XXI: “¿No hemos acordado ya que el consentimiento en las primeras películas de Disney es un problema importante?”, se preguntan. Y yo me pregunto con quién lo han acordado, y cuándo se ha producido ese acuerdo, y dónde estaba yo en aquel momento, si todo lo que he leído sobre el tema tiene siempre pinta de sermón y de orden. Creía que había, en todo caso, una discusión donde alguna gente intenta convertir esas películas en material radiactivo y otros tantos las defienden con pasión, mientras el resto nos partimos de risa. Además, ¿se han parado a pensar estas personas cinco minutos en la escena que están criticando? ¿Y si le damos otra vuelta? Si tenemos en cuenta que Blancanieves es asesinada con veneno por su propia madrasta, mujer horrenda y celosa que antes ya había intentado asesinarla contratando a un cazarrecompensas, es llamativo que sea el beso sea lo que más indigna. Pero, de acuerdo, centrémonos en el beso. ¿Se han parado a pensar los siete ofendiditos que lo que besa el príncipe no es, según la información de que él mismo dispone, una bella chica sino un cadáver metido en un ataúd? ¿Cómo pedirle consentimiento a un fiambre? ¿Para qué? Y sobre todo: ¿por qué nunca se menciona la necrofilia, si es lo más fuerte de la película?

Si estamos dispuestos a juzgar con severidad cualquier película infantil de los años 30, al menos seamos atentos y evitemos los topicazos. Da igual que Blancanieves sea una chica simple y encantada de hacer las tareas domésticas para siete enanos mineros, que el príncipe la bese sin pedir permiso y que ella acabe enamorándose de él. Aquí lo importante es que ese tío llega a un velatorio en el bosque y, ni corto ni perezoso, decide darle un morreo al muerto. ¡¿Es que nadie va a pensar en los niños?!