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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Los trucos

A la vista de lo que ha publicado este periódico sobre el Impuesto de Bienes Inmuebles, a estas alturas ya debería estar reconocida la astucia de buena parte de quienes se encargan de las finanzas municipales. Lo prudente, en todo caso, será que no presuman demasiado de esa “virtud”, sobre todo ante quienes han de contribuir a la recaudación, no vaya a ser contraproducente: podría resultar un estímulo para la imaginación de los que pagan y estos, estimulados por la competencia, llegarían a descubrir trucos tan eficaces como los que según la noticia emplean los cobradores.

(Se habla de trucos porque si bien podrían denominarse de un modo más rotundo, forman parte de la condición humana. Sobre todo en algunas profesiones en las que el reconocimiento por parte de los superiores se convierte en objetivo principal. Y para lograrlo hay muchos que no se parar en barras, y menos verbigratia, por un “quítame allá” esta o aquella calificación urbanística si con un abracadabra sube el nivel del contenido de la caja municipal mediante el crecimiento de los ingresos y eso conlleva la felicitación del jefe y su mano sobre el hombro.)

La cosa, como contó FARO, parte de un método simple. Hace unos años, cuando el boom del ladrillo, los municipios tendían a calificar como “suelo urbanizable” el máximo posible de su superficie. De ese modo el IBI, y la plusvalía en las operaciones de compraventa, pagarían impuestos más altos y las armas públicas –y sus tesoreros y gestores políticos– estarían más que satisfechos. Los “paganos” –o sea, los de casi siempre– no tanto, pero al fin y al cabo, como diría un cínico, si los representantes están contentos, los representados se supone que también. Y los jefes del negociado, algo parecido.

Lo malo fue cuando tras reventar el globo del ladrillo, la superficie de lo urbanizable se redujo y la perspectiva de ingresos se oscureció. Para hacer frente al cambio se permitió el retorno a la calificación de “rústico”, pero acaso en previsión de que lo urbanístico remontase de nuevo, muchos Concellos mantuvieron la calificación para frenar la caída de ingresos. Ese es el truco, de cuyas posibilidades quedan fuera los propietarios que pagarán no sólo caro el Impuesto de Bienes Inmuebles, sino también el de plusvalías, puesto que la cotización teórica se mantiene. Punto.

Quedó dicho que la realidad demuestra el viejo lema de un profesor de Hacienda Pública que respondió a la pregunta de un alumno acerca de compasión fiscal diciendo que “en este terreno no hay corazón, solo recaudación”. Si en verdad es así, hay una segunda afirmación complementaria: en quienes recaen las sanciones, caso de truco de un particular, perpetrado y descubierto, son siempre los mismos, las gentes del común y, a veces pero solo de cuando en cuando, las que no lo son tanto y tienen, por ello, mejores camuflajes. O maquilladores, aunque suene a demagogia.

¿Eh…?

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