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Fenicios

Si a alguien le ocurriese poner un gran sistema de aire acondicionado en el desierto accionado con energía fotovoltaica con el fin de cambiar el clima, seguro que habría quien dijese que sería una gran idea y otros muchos confirmarían que sería lo que se denomina vulgarmente como una chorrada. No obstante, si esa idea es llevada a cabo por alguien que conozca bien cómo funciona el mundo mediático hoy en día, combinando una difusión extremadamente rápida a través de redes sociales de noticias independientes de su veracidad, que son rebotadas inmediatamente también por los medios de comunicación audiovisual, digamos convencionales, lo que podría ser una broma, es muy probable que pronto adquiriera la categoría de noticia y por tanto con la inmediata influencia en los actores políticos y socioeconómicos que siguen los latidos de la red, como si fueran idiotas que aprovechan cualquier excusa para darse palos.

En relación con la trepidante propagación de noticias, mezcladas con pseudo noticias, un amigo ilustrado acaba de decirme que está muy preocupado por la situación de crispación que él percibe que estamos viviendo de una forma intensa y paranoica y razona que quizás la única salida para la situación es un golpe de estado. He quedado perplejo y soy de los convencidos que esas, son las soluciones que han traído el mayor de los desastres a la humanidad a lo largo de la historia y lo que si ha quedado claro son los millones de personas que pierden sus vidas por arreglar los problemas a garrotazos.

Siempre he pensado que el comercio y la economía han impulsado el desarrollo de la humanidad y la cultura. A través del intercambio de bienes y servicios, desde los fenicios a hoy los profesionales y las empresas ofreciendo sus capacidades a cambio de otros productos o medios de pago han contribuido a la evolución y desde luego cuando en economía se contrapone productos y servicios en el mercado, el marketing más elemental induce a que los oferentes destaquen las características y cualidades de lo que ofrecen y no desarrollen la actividad a base de decir que los productos de sus competidores son una porquería. Son los clientes los que han de valorar el producto y decidir comprarlo o no.

Creo que los garrotazos en los mensajes políticos pueden aprender de la economía y mucho.

*Economista

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