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Joaquín Rábago.

360 grados

Joaquín Rábago

Las derechas ocupan el kilómetro cero

Vociferaba el día de la Comunidad de Madrid, en plena Puerta del Sol, una jauría de jóvenes cachorros de la ultraderecha, instando repetidamente a un público de mirones a votar a Vox. La derecha, que no centroderecha, del PP y la ultraderecha de Vox habían ocupado ese día la céntrica plaza donde el movimiento de los indignados el 15 M- llevó a cabo en 2011 una histórica acampada.

En uno de sus extremos, el partido de Inés Arrimadas había logrado sentar también sus reales: estaban, pues, representados junto al kilómetro cero los tres partidos de eso que la izquierda llama despectivamente “la foto de Colón”. Mientras oía berrear a aquellos mozalbetes ante el palacio de la presidencia madrileña, me preguntaba si alguno de ellos sabría lo que ocurrió durante años en los siniestros sótanos de aquel edificio cuando albergaba la Dirección General de Seguridad franquista y si, de saberlo, podría importarle lo más mínimo.

La derecha y la ultraderecha se muestran exultantes ante lo que todos los medios desde hace tiempo vaticinan: el triunfo de la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, a la que los de Vox no dudarán en apoyar desde dentro o fuera del gobierno, según convenga. Pues ¿qué es en realidad Vox sino el esqueje neofranquista del Partido Popular, que defiende con todavía mayor vehemencia que éste los mismos intereses y privilegios de los herederos del franquismo?

Dos partidos casi gemelos a los que une además su resistencia a aceptar como legítimo el gobierno salido del voto parlamentario de censura contra el anterior líder del partido de la corrupción. Corrupción que están tardando demasiado en terminar de juzgar los tribunales de este país y que puede acabar cayendo en el olvido, como sin duda pretenden que suceda quienes no se cansan de decir que se trata de “cosas del pasado”.

De corrupción poco o nada, en efecto, se ha hablado en esta campaña, en la que la presidenta de la Comunidad y de nuevo candidata del PP ha logrado imponerle a la izquierda el marco de debate

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De corrupción poco o nada, en efecto, se ha hablado en esta campaña, en la que la presidenta de la Comunidad y de nuevo candidata del PP ha logrado imponerle a la izquierda el marco de debate que quería con la complicidad de su coro mediático. Se ha hablado así mucho de “cañas”, del estilo de vida madrileño, del hecho de haber mantenido de par en par abierta la hostelería cuando, con una incidencia mucho menor del coronavirus, el resto del mundo la cerraba por precaución, apoyándola, eso sí, económicamente.

Los vecinos de la capital que han tenido la suerte de no perder a ningún familiar o conocido sin duda lo han celebrado, despreocupados por la suerte que pudieran correr otros: es la idea de la libertad sin responsabilidad por la que aboga la Presidenta. Porque si la pandemia hizo estragos en las residencias y se cebó en los viejos y los más pobres es sobre todo por las escandalosas deficiencias en la atención primaria, por la galopante desigualdad en un modelo de sociedad spenceriano, es decir de “supervivencia del más fuerte”.

De la deteriorada sanidad, de la segregación educativa, de los desahucios, del precariado y de las dificultades para llegar a fin de mes en la región más rica del país, poco se ha logrado hablar en una campaña dominada en todo momento por las emociones, por los eslóganes más hueros, por las ocurrencias de la candidata del PP, repetidas luego hasta el aburrimiento por los medios. Es el marco de discusión que sin duda interesaba a la presidenta madrileña y que la izquierda, sin el necesario concurso de unos medios que hoy premian sobre todo el espectáculo, la frivolidad y el ruido, no ha logrado en ningún momento contrarrestar.

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