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El currículum y el mínimo común múltiplo

Mucho hemos podido leer y escuchar en los últimos meses de la reforma educativa y del tan vilipendiado “currículum”. Pero improcedente sería entrar en materia cualesquiera sin observar y tener presente el contexto que la rodea. Y a nuestro queridísimo currículum le envuelve un halo, un concepto clave, muchas veces olvidado, que no es otro que el concepto de EDUCACIÓN, con mayúsculas.

Un sinfín de definiciones podrían ver la luz al respecto, pero cuando uno pretende llegar a consensos suele ser adecuado quedarse en aquel mínimo común múltiplo descrito en el currículum desde tiempos inmemoriales, que con tanto cariño nos enseñaron nuestros antiguos maestros, y que tantos quebraderos de cabeza causó a muchos de nosotros. Y en este punto, parecen existir ciertos denominadores aceptados por todos: La educación ha de ser, sin duda, ese escenario en el que formar y preparar a las presentes y futuras generaciones para desenvolverse de modo integral en una sociedad concreta, en un tiempo y en un espacio específicos.

Y he aquí la pregunta sobrevenida: ¿Es el actual currículum el más idóneo para preparar a nuestros ciudadanos para este tiempo y este contexto?

Y es que así expresada, sería fácil caer en el simplismo de la respuesta y en la suspicacia de la mala intención del autor, ya que la preparación y formación de la ciudadanía depende de muchos otros factores, los cuales, a juicio personal, deben también adaptarse al nuevo y cambiante escenario en el que vivimos. Entre ellos, las decisiones relativas a la organización educativa (una organización más flexible, una gestión coparticipada y coordinada, una mayor autonomía de centros y profesorado, unas ratios óptimas, un reequilibrio de las horas docentes para poder atender a la diversidad…); la ineludible reforma de la profesión docente (en el acceso a los grados de educación, de los propios grados y máster, del sistema de acceso a la profesión docente, o de la formación continua del profesorado); y como no, la imprescindible, sostenida y suficiente financiación del sistema educativo.

Desgraciadamente nuestra clase política parece haber olvidado la lección de la maestra sobre el mínimo común múltiplo, y a tenor de la actual situación, difícil será ver a corto plazo el tan deseado socialmente “Pacto Educativo”. Y es que ni en cuestión de mínimos sus señorías parecen querer llegar a acuerdos. Si la maestra levantase la cabeza…

Dicho esto, solo nos queda abrigo en el minusvalorado puerto del cuerpo técnico de docentes e investigadores de esta país, los cuales, tras haber cursado “con aprovechamiento” su etapa primaria, si son capaces de llegar a consensos de mínimos. Y qué es lo que nos plantean en relación al curriculum: otorgar al currículo capacidad adaptativa a los diferentes contextos y a los cambios sociales; diseñarlo con un enfoque verdaderamente inclusivo que promueva el máximo desarrollo integral de todo el alumnado y aspire al éxito educativo de todos; revertir el enfoque enciclopédico y fragmentado y centrarlo en un aprendizaje activo que facilite el desarrollo del conocimiento, su aplicación y la transferencia a distintas situaciones y contextos; incorporar de forma efectiva las competencias clave que son necesarias para la plena realización personal, la cohesión social y la empleabilidad en la sociedad del conocimiento; y resituar el currículo educativo en las verdaderas fuentes que deben inspirarlo y de las que nunca debió salir (epistemológica, sociológica y psicopedagógica).

De los mínimos comunes de hoy… el resultado del mañana.

*Doctor en Políticas educativas (CC. Educación) USC. Profesor de Evaluación de instituciones educativas USC

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