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Fernando Gómez de Liaño

La democracia y los mayores

Sobre el problema que supone la tercera edad para la sociedad

Empiezo con una cita, que me parece oportuna, de Roosevelt, un pionero de la democracia: “Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser grande o democrática”. ¿Cómo es la nuestra? Pregunta de contestación plural, muy plural, como lo es nuestra Cámara, convertida en demasiadas ocasiones en una jaula de grillos. Quizás peor porque los grillos no se insultan ni mienten.

Preocupación efectiva de la ciudadanía. Somos muchos los ciudadanos preocupados por la situación, que ha llegado hasta el propio Gobierno, que también lo sabe aunque casi todos sus miembros lo ocultan. ¡Faltaría más! Ellos se enterarán al menos por la TV de los disturbios callejeros, de los ataques violentos a los contrarios, impidiendo el derecho a las voces que no comparten, a los problemas de subsistencia de sus conciudadanos alarmados del dispendio público y a tantas lindezas que nos adornan. Mientras la violencia se imponga frente al diálogo, nuestra pretendida democracia no será grande, y hasta puede que no sea democracia. No me voy a repetir en mis consideraciones sobre la “debilidad” de nuestro Estado de derecho, base fundamental de cualquier planteamiento democrático incompatible con esa corrupción repartida por todos los partidos políticos, y políticos que se han “escapado” de las garras de la justicia, por su fuero y algo más, perdida la buena educación, instalada la mentira y la descalificación gratuita para llegar a un país de politiqueros que otorga sillones a trepadores, ignorantes y corruptos, pensamientos que se vienen reproduciendo desde hace mucho tiempo por personajes significados y notables (Costa, Unamuno, Ortega, Baroja, y un largo etc.). ¿Será, por lo tanto, una constante en la evolución humana que se ha parado en el siglo XX y continúa en el XXI? Porque no es exclusiva de nuestro país, que siempre se ha perdido en discusiones bizantinas, cuando no en guerras y peleas entre nacionales o vecinos, sino que puede extenderse a una gran parte de la humanidad.

Hoy me voy a fijar en el tema de la mayores, que somos un problema ya “que tenemos seguir el ejemplo de Ratzinger de irse al Castelgandolfo, a la mierda o a donde quieran”, según feliz ocurrencia de alguno de los cerebritos que tenemos que soportar y que han vivido siempre del cuento, en lugar de haberse curado leyendo para enterarse del significado del gobierno de los mayores en la historia. Pero eso no es lo suyo. Los ingleses se tuvieron que acordar del octogenario Churchill para salvar a país. A bastantes nos retiró la edad de un trabajo conseguido a pulso, pero nunca de seguir pensando y escribiendo sobre un orden de cosas en una línea de necesidades sociales auténticas y verdaderas, lejos de la mentira en la que se han instalado una parte de los inútiles refugiados en las enormes y fructíferas ubres del Estado. Hay un eurodiputado que lleva 27 años en el Parlamento Europeo, disfrutando de una situación increíble para el más beneficiado de los canónigos que en la historia han sido. Esos sí que valen. ¿En qué cabeza cabría pensar que alguien mandase a los mayores a la mierda? Es lo que hay. ¿Cómo no se iba a reconocer que nos falta normalidad democrática? Pero me parece grave que los llamados “padres de la patria” carezcan de la educación más elemental para convivir en sociedad. Y más grave aún es que quieran gobernarnos y quitarnos del medio. ¡Vaya tela! Eso sí que es democrático.

La antigüedad casi siempre es un grado porque significa experiencia, haber vivido más y en consecuencia saber muchas cosas que la juventud ignora. Hablo con alguna de las jóvenes de mi familia que forma parte de esa edad temprana, en la que casi todo se ignora, pero se presume de saberlo todo. Pero sigue en sus trece. Son votantes ignorantes, de los que le gustan a los mediocres porque les pueden embobar con su palabrería charlatana y sus embustes. Lo de los abuelos ya se sabe que son batallitas, pero en ellas aprendimos a abrirnos camino a base de mucho esfuerzo, sin canonjías ni subvenciones, testigos de una vida real, en una postguerra mugrienta y pobre, procurando alejarnos de la mentira y de la manipulación, leyendo a Marx pero también a Solzhenitsyn y a Valentín González, comisario político comunista en nuestra guerra civil que a su conclusión se fue a Rusia, de la que terminó huyendo y escribió “Yo escogí la esclavitud”. Y conociendo Venezuela antes y después, a la Rusia soviética muchos años, y a la Cuba castrista en la que el jabón llegó a ser un lujo. Todo eso y mucho más nos fue dado a conocer, durante cuarenta años de dictadura, a la que sobrevivimos, para que ahora nos manden a la mierda, mientras se disfruta de un status de privilegio conseguido con el cuento y nuestros impuestos, atacando a la Transición democrática, que también hicimos, gracias a la cual están ahí. Eso sí que es una auténtica democracia.

Auténtica democracia que acude al insulto y fácil descalificación. Todos los días oímos lo de fascistas y comunistas, cuando pienso que hay muy pocos de unos y otros en nuestra España actual. Es posible que metan mucho ruido. Es el principal argumento que al juntarse con la mentira y la poca vergüenza, proporcionando el coctel dañino que se nos trata de suministrar y del que tenemos que defendernos en la barricada del trabajo y la experiencia que nos enseñaron nuestros mayores, y que nosotros procuramos ahora transmitir a nuestros hijos, tratando de salir de esa mierda a la que nos quieren mandar.

*Jurista y escritor

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