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Luis M. Alonso.

Sol y sombra

Luis M. Alonso

La vieja semilla del mal

En los incivilizados días de la Segunda República, la intolerancia de unos hacia otros condujo a este país al abismo; primero a una guerra, más tarde y como consecuencia a una degradante dictadura. El proyecto modernizador del republicanismo acabó aplastado por los sectarios de uno y otro bando, hasta que a los españoles les quedó el drama de resignarse al soviet o al franquismo. Después de tres siglos de barbecho, como escribió Chaves Nogales, la tierra feraz de España hizo prolífica la semilla de la estupidez y de la crueldad ancestrales. Entonces terminó en tragedia; hoy esa misma semilla se reproduce para que la vida concluya en un caos permanente que arroja indicios pánicos por la obstinación extremista.

La campaña electoral madrileña vuelve a poner en evidencia la clase política que tenemos, decidida a tensar la cuerda hasta límites insospechados, mucho más cerca de los tiempos convulsos de la Segunda República que de la prosperidad y convivencia en que hemos vivido en las últimas décadas. Se puede palpar en un mitin callejero reventado por los violentos antisistema o en el debate en una emisora de radio con Pablo Iglesias y Rocío Monasterio enzarzados de manera incivilizada después de que la última insistiera en cuestionar la supuesta amenaza con balas esgrimida por el primero, que decidió abandonar los estudios.

"Todos están ya implicados en la reyerta, por acción u omisión. El extremismo ha llevado el pulso a un terreno indeseable"

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Hay más ejemplos del clima envenenado que se respira por culpa del nerviosismo irresponsable que guía a los candidatos, que ven como sus expectativas son derrotadas por las encuestas. A Vox le interesa llamar la atención cayendo en las trampas que le tiende la ultraizquierda, que tiene como única estrategia señalar a la ultraderecha. El otro bloque, a su vez, también parece haberle cogido gusto al enfrentamiento. Todos están ya implicados en la reyerta, por acción u omisión. El extremismo ha llevado el pulso a un terreno indeseable. Gabilondo empezó diciendo que no quería saber nada de Iglesias en un hipotético gobierno y ahora lo invoca para ganar las elecciones.

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