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Charo Izquierdo opinadora

Causas nobles

Las modas van más allá de colores o largos, prendas o tejidos. Lo son. Pero no lo son menos las tendencias sociales. Y cuando unas y otras se cruzan son capaces de obrar una especie de milagro, transformador, influyente, apelativo a la sociedad. Como conocedora y amante de la moda y como comprometida con la defensa de los derechos humanos que soy, me conmueve que estos se reclamen en la pasarela, para pedir libertad. Auténtica. En el caso que nos ocupa, la liberación de esclavas, que es lo que son las mujeres víctimas de trata con fines de explotación sexual. Por eso, me emocionó y me emociona recordar el último desfile de Ulises Mérida, en la 73 edición de Mercedes Benz Fashion Week Madrid, titulado “Libre”, realizado por mujeres que en su día fueron vendidas y dedicado a mujeres que hoy y aquí viven vendidas contra su voluntad, por tanto esclavas.

A nuestro país llegan obligadas, trapicheadas, engañadas, niñas, sí niñas, y mujeres a las que obligan a ejercer la prostitución. O sea, que no son prostitutas, por si queda alguna duda. Y aunque no tenga que ver, si bien podría coincidir, es especialmente oportuno recordarlo en momentos como este en el que todavía algunas personas ponen en entredicho los derechos de los MENA (los menores extranjeros no acompañados), lo que cada vez que lo escucho me escandaliza más, como si fueran niños y niñas que caen del cielo, como si fueran jóvenes invitados a una fiesta, como si vinieran de botellón y decidieran quedarse... Ni putas ni delincuentes, ¿vale?

Ulises visitó hace unos años los talleres de costura de Apramp (Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida) en Madrid, y su existencia ya le provocó para siempre. Recuerdo que creó un pañuelo precioso, cuyas ventas destinaba a estos ángeles que cuidan, rescatan, ayudan a las niñas, sí, niñas, explotadas sexualmente en nuestro país, sí, aquí, en el nuestro, posiblemente cerca de donde vives. Y en esta última edición de la pasarela madrileña, volvió a ellas, a algunas de las mujeres que Apramp ha ido ayudando, tras librarse de sus explotadores, y ha formado en confección, entre otras cosas. Mujeres a las que han protegido, como lo hacen por ejemplo alojándolas en los cuatro pisos que la asociación tiene en la capital, uno de ellos para niñas, sí, niñas, el único que existe a nivel nacional con educadoras para contribuir a sacarlas del infierno en el que un día se vieron ardiendo.

"El trabajo más antiguo es mirar para otro lado. Grito que no hay barreras entre trata y prostitución"

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Ulises trabajó con las doce mujeres que cosen en el taller, que reciben formación continua, no solo de costura, sino también de patronaje. Y con ellas creó una colección única, de doce trajes maravillosos, en línea con sus formas y colores habituales, y que por cierto están a la venta en la tienda de la asociación (calle Ballesta, 9, Madrid). Los tejidos, cedidos por El Corte Inglés, Mirto y por Tamara Falcó son un sueño y recibieron, como la colección, la ovación de un público entregado a la causa. No es para menos.

Pero decía mi madre que obras son amores y no buenas razones. Y ahí te quiero ver, sociedad. Menos efectos especiales y más efectos reales. Cuando entras en el mundo de la trata, no puedes salir, no puedes separarte. Yo entré y escribí la novela Puta no soy, basada en uno de los personajes del documental Chicas nuevas 24 horas, de Mabel Lozano, y ya no he podido separarme ni dejar de gritar. Y cuando tengo la ocasión lo hago. Grito de alegría cuando mi amiga gana el Goya por su corto Biografía del cadáver de una mujer. Y de emoción en el desfile de Ulises Mérida. Grito que durante los meses de confinamiento, según informa Apramp, siguió el escándalo de puteros visitando pisos y polígonos donde mujeres y niñas seguían explotadas sexualmente (atendieron durante el confinamiento a casi 2.500). Grito que las invisibles fueron aún más invisibles, que las desprotegidas lo fueron más, que sus deudas aumentaron, que su confinamiento fue doble y que muchas trasladaron su explotación a pisos, porque los clubes cerraron, y que algunas tuvieron que vivir con sus proxenetas, y que otras volvieron a las calles, infringiendo leyes. Grito que la prostitución no es el trabajo más viejo del mundo, sino la explotación más antigua. Y me uno a Apramp cuando dice que el trabajo más antiguo es mirar para otro lado. Grito que no hay barreras entre trata y prostitución.

Y grito alto y fuerte: “Una ley integral contra la trata, ya”.

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