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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

El tenderete

A estas alturas hay ya motivos más que suficientes para dudar de si las promesas del ministro de Transportes –y, en su órbita, las de la directora de Adif– son una broma o una provocación. Lo que parece demostrado es que la opinión pública, y la mayoría de la publicada, no creen ni media palabra de cuanto ambos anuncian y, por ahora, solo el presidente Feijóo aparenta tomar en serio que se cumpla en tiempo y forma al menos la historia de la rebaja en los peajes de la AP-9. Eso, que tanto optimismo pareció infundir en el jefe del Ejecutivo gallego tras la última reunión con Abalos, habrá de esperar a que sea el tiempo el que lo confirme. Que ojalá.

Por el momento, sin embargo, cuanto procede del departamento que regenta el también secretario de Organización del PSOE se refiere siempre a otros beneficiarios. El último caso, por ahora, es una notable inversión –cien millones de euros– para mejorar el tráfico ferroviario de mercancías entre Algeciras y Zaragoza, un eje perpendicular en el centro de la Península orientado después al Corredor Mediterráneo. Por eso –y conviene recordarlo– la capital aragonesa forma parte del plan para dinamizar aún más el Levante: el Reino de Aragón tuvo históricamente vocación expansiva, comercial y militar, hacia el antiguo Mare Nostrum.

Quien se ha percatado del riesgo de nuevas desigualdades ha sido, por lo que parece, el vicepresidente segundo Francisco Conde, que ya solicitó reunirse con el ministro para concretar las inversiones infraestructurales pendientes, como los proyectos, en y para Galicia, aún retrasados. Es posible que el citado acuerdo de Adif, y la escasa credibilidad que la señora Pardo de Vera tiene en las cosas del Noroeste, haya impulsado al también conselleiro de Economía a dejar la correspondencia escrita y pasar al diálogo directo con el ministro. A ver si así logra algo, aunque de hacerse una lista de escépticos, sería tan larga como las del Sergas.

Claro que, como la esperanza es lo último que se pierde incluso a pesar de los precedentes, es posible que el conselleiro convenza al ministro de que priorizar a media península, el este, equivale a restarle opciones a la otra media, el oeste que forman Galicia, Asturias y Castilla y León más Portugal. Con un matiz desfavorable para la parte española: que Lisboa ya está en su propia solución; enlazar con Francia por Madrid mediante la línea que anuncia Adif lusitano es para equilibrar su país y la del español, para satisfacer a sus socios. Resulta obvio que el Gobierno portugués actúa para equilibrar su país: el del PSOE/UP, para contentar a sus socios.

Cabe esperar que la Xunta haga esta vez algo más que protestar o apelar a sus por el momento estériles alianzas con otras comunidades perjudicadas por el desequilibrio inversor de la Moncloa, muy avanzado ya en la tarea de resucitar las dos Españas no solo en su sentido político sino en el económico. Lo que queda por averiguar es si las “fuerzas vivas” que se dicen actuantes aquí –desde partidos a patronales pasando por sindicatos, asociaciones, plataformas y coordinadoras– aún respiran o solo se mueven como los zombies. Es el momento para averiguarlo y, si hay vida, exigir que se demuestre a través de todos y cada uno de los cauces que el sistema democrático permite, siquiera para evitar que pase lo que está pasando. O, en el peor de los casos, al menos para despejar las dudas que sobre cómo funciona de verdad el tenderete, puedan albergar todavía algunos/as gallegos y gallegas, los más ingenuos.

¿Eh…?

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