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José Manuel Ponte

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José Manuel Ponte

Lo que entienda Ayuso por comunismo

Si hemos de creer a doña Isabel Ayuso, los electores madrileños han de optar entre comunismo y libertad en los comicios regionales del próximo 4 de mayo. Un dilema expresado de forma tan contundente como inconcreta. Porque la candidata del Partido Popular no nos explica qué clase de comunismo es el que nos amenaza ni tampoco cuáles son los peligros que para el sistema democrático podrían derivarse del triunfo electoral de los comunistas. La Unión Soviética, que era la expresión máxima de aquel Imperio del Mal con el que pretendió asustarnos Ronald Reagan, ha desaparecido del mapa político internacional y fue sustituida por una República Rusa de perfiles mafiosos y por unas dictaduras caucásicas de una parecida catadura.

La mayoría de aquellos llamados “países satélites” que fueron entregados a Stalin en el reparto de Yalta por las potencias capitalistas como cinturón de seguridad de Moscú, forman hoy parte de la Unión Europea. Y qué decir de China, que va camino de convertirse en la primera potencia económica del mundo con un sistema híbrido enchufable (como los automóviles) entre maoísmo, confucionismo y capitalismo.

Cuando conviene, el motor del desarrollo se alimenta de socialismo y cuando hay que darle otra potencia se recurre a fórmulas capitalistas. Justamente, el sistema con el que los jerarcas chinos deslumbraron a un conspicuo social-liberal como Felipe González cuando estuvo de visita. “¿Gato blanco o gato negro? Lo que importa es que cace ratones”. Por lo que respecta a los comunistas españoles, y más concretamente a los comunistas madrileños, pues tampoco parece que haya mucho que temer.

Durante la larga dictadura ( ‘A longa noite de pedra’, como la describió el poeta gallego Celso Emilio Ferreiro), el comunismo y los comunistas, junto con los masones, fueron los destinatarios favoritos del aparato represor franquista, de sus asesinatos, encarcelamientos, palizas, persecuciones y acosos.

China va camino de ser la primera potencia económica con un sistema híbrido enchufable: maoísmo, confucionismo y capitalismo

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Algunos creyeron que ese martirologio, y la opción por el moderado ‘eurocomunismo’ berlingueriano, les seriviría de palanca para erigirse como primera fuerza de la izquierda a la instauración de la monarquía parlamentaria, pero estaban equivocados. Santiago Carrillo, que había sido la cabeza visible de la apuesta por la reconciliación nacional, acabó renunciando al liderazgo del partido, luego fundó otro y acabó su trayectoria política como tertuliano de la ‘Ser’ en la amical compañía de Rodolfo Martin Villa, antiguo dirigente franquista que era ministro del Interior cuando se legalizó el partido de la hoz y el martillo.

Conviene recordar estas cosas, aunque sea de forma obligadamente resumida, a la hora de preguntarnos a que clase de comunismo se refiere doña Isabel Ayuso. Salvo que ese eslogan sea invención de su asesor de campaña, el inefable Miguel Ángel Rodríguez, que pasó del izquierdismo juvenil a hombre de confianza de Aznar. El señor Rodríguez es autor de seis novelas, pero le convendría leer (si todavía no lo ha hecho) estas otras dos: “Madrid de Corte a Checa”, del aristocrático Agustín de Foxa y “Una isla en el mar rojo”, del escritor coruñés Wenceslao Fernández Florez, sobre todo para situarnos en el clima de incertidumbre y de miedo que vivió este último mientras estuvo refugiado en unas embajada al inicio de la guerra civil en el Madrid republicano. Respecto de la inconcreta libertad que invocan tampoco sabemos a qué se refieren. A lo mejor, tampoco ellos.

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