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Pareciera que la selección de Luis Enrique tiene las mismas cartas de navegación del mitológico Jasón y el barco “Argo”, el de los argonautas, su encomienda de arribar a la península de Qatar, el mundial de fútbol de 2022, es una moderna Odisea.

Casualidad o no, fueron los astilleros griegos donde se fletó la nave que pasó al mar Negro, rumbo a Georgia, Tiblisi aguardaba a la selección española. Ni la palomita del portero georgiano, en el minuto noventa, evitó el zapatazo de Olmo, especialista en bajar telarañas de las escuadras contrarias, también su chut frente al Kosovo de Skanderberg, figura histórica albanesa.

Olmo se convierte así en nuestro argonauta Jasón. En la mitología, el vellocino de oro que busca cuelga de un árbol, siendo condición sine qua non pelear contra el dragón que custodia los quilates con los que replicar la hazaña de Andrés Iniesta. Ramos es nuestro Hércules argonauta, mientras el armador Lucho, al cambio Argos, tira de su oráculo Delfos, hoy llamado scouting. El scouting es una combinación algorítmica –exploración– con la que los entrenadores eligen a los mejores, prescrito por este moderno oráculo.

En la singladura hacia el mundial de Qatar hay conexión con la mitología escandinava, golfo de Botnia. Normalmente los vikingos solían invadir nuestras costas, ahora con la pandemia ni eso, el turismo no está para embarques. Los argonautas de la roja acuden con el vellocino sacado en Tiblisi. Lucho, Argos al cambio, triangula con las estrellas para navegar igual que los antiguos exploradores vikingos, pero con un as en la manga, el scouting.

El scouting viene a ser un juego matemático, el que rige nuestros destinos en todos los órdenes: predice curvas pandémicas, índices y valores estadísticos con los que jugamos a la quiniela de la vida: plantea tácticas según qué contrario y hasta puedes predecir cómo fluctúa el Ibex-35, principios de precaución que a veces encallan, léase el vaivén de las vacunas o la intención de voto en las autonómicas, toda una Odisea.

Con el scouting sabemos las probabilidades que embarranque un megabarco jugando a tapar la calle y que no pase nadie, no lleva argonautas pero sí contenedores con los que abastecer a medio mundo, poniendo nervioso al mercado por simple golpe de timón. Igualmente el scouting te calcula si otro canal, el de televisión, salta la banca al contratar las confesiones de una folclórica relatando sus adentros más intimistas en busca de amparo y caché.

En el caso del fútbol, el scouting es como una autopista inteligente, cruza cientos de encuentros de fútbol aliñando la ensalada griega de Argón, destaca inputs, jugadas, jugadores, movimientos en el campo, alineaciones eligiendo al ariete ideal y técnicas que aburren al contrario desgastando sus ánimos: que si ahora una chilena, que si un caño, la rabona, una finta o vaselinas con las que afrontar esta nueva anormalidad futbolística o política. Este mismo argot, sin quitar una coma, se puede aplicar a la gestión de una pandemia, a las elecciones en una comunidad autónoma eligiendo candidatos populares, o preparar el viaje de la selección con Jasón y los argonautas en busca del segundo vellocino de oro, rumbo a Qatar.

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