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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Los misterios

A juzgar por lo que se ha dicho desde el Gobierno central, parece que a finales de este mes de abril será cuando se presenten en Bruselas los planes que España prepara para la concesión de los fondos europeos y que ayer abordó el Consejo de Ministros. Los “condicionados”, es decir, los que para ser concedidos deben ajustarse a directrices de la UE y, después, se devolverán con intereses: unos 65.000 millones, más o menos. El resto, hasta los 140.000 millones, será a fondo perdido, pero sujeto también a condiciones, aunque más genéricas. Así las cosas, habrá que estar a lo que decida el gabinete o, para ser del todo exactos, a lo que diga don Pedro Sánchez.

No se trata de una crítica, ni mucho menos de un reproche: solo de una opinión. Es lo que decidió el Parlamento gracias a una mayoría exigua, pero suficiente que, para ser operativa, necesitó de la abstención de Vox. Un partido que ese día dejó de ser la “ultraderecha fascista” que predica la portavoz socialista Lastra haciendo coro con el podemita Echenique. Su admisión en un club “democrático” tan singular como el que forman PSOE, UP, ERC, CUP, Bildu, etcétera, duró solo el momento oportuno, pero sirvió para que todos entiendan lo que significa aquí el interés “general”.

El caso es que, dicho con toda claridad, la gran mayoría de habitantes de este país están ahora mismo, y a tiro de piedra del fin de plazo, en la inopia acerca de cuál será su futuro. Y es que poco se sabe, y menos aún con detalle, acerca del Plan de Reconstrucción elaborado, se supone, por el Gobierno tras la tarea también opaca de la comisión parlamentaria ad hoc y nada todavía de los criterios para el reparto del dinero, que la Cámara dejó al libre albedrío del señor presidente Sánchez. No se puede negar que ambos asuntos tienen su intríngulis.

En este punto, y para evitar posibles equívocos, conviene dejar claro que desde un punto de vista personal, hay dudas severas. Y no tanto, que también, por lo del “misterio” del Plan, si es que ya existe, para reconstruir la economía destruida por el COVID-19 cuanto por cómo se hará la distribución discrecional de los fondos. O, dicho de otro modo, si se hará al estilo los dos últimos años, con Cataluña y Euskadi –por ese orden– como beneficiarios principales, seguidos por los otros socios de la coalición o, siquiera por una vez, desde la justicia distributiva. A ver.

Ya puestos a la tarea de observar, la Xunta tampoco se ha distinguido por ser precisamente un ejemplo. Algo más se ha sabido desde San Caetano que desde Moncloa, eso es verdad, pero nadie pasó aquí de los enunciados. Quizá porque los contenidos al detalle, en un mundo tan competitivo como este en el que se premia con dinero al más imaginativo, podrían ser objeto de copia o imitación, pero se echa de menos –otra vez– una idea global de lo que este Reino necesita, acompañada de plazos, condiciones y apoyos. Algo de lo que tampoco hay datos ni pistas. De ahí que pueda hablarse del asunto como de un rosario de misterios: ojalá que a Galicia no le toquen los dolorosos.

¿Eh...?

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