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Ánxel Vence.

crónicas galantes

Ánxel Vence

Ser rico ya no es lo que era

El Fondo Monetario Internacional se ha vuelto rojo y en su última asamblea acaba de pedir que los millonarios y las multinacionales más beneficiadas por el coronavirus (como las farmacéuticas, un suponer) paguen mayores impuestos para compensar a los damnificados por la pandemia.

Siempre nos quedará el FMI, decían las gentes acaudaladas cada vez que a los trabajadores les daba por exigir un mejor reparto de la tarta de beneficios. Pero ni siquiera eso les va quedando ya a los pobres ricos, por lo que se ve.

Inesperadamente socialdemócrata, la organización nacida en Bretton Woods, que no para de reñir a los pobres, aboga ahora por una especie de tasa COVID que grave a las empresas agraciadas por el SARS-CoV-2. El dinero extra obtenido por multinacionales como Amazon o los fabricantes de vacunas se destinaría, en una pequeña porción, a sufragar los daños que el bicho ha causado a la parte más menesterosa de la sociedad.

Está aún por ver si los gobiernos aceptan la sorprendente propuesta del FMI, pero, cualquiera que sea el resultado, esto es toda una revolución. Aunque el impuesto sugerido tenga un carácter estrictamente temporal, desde luego.

El organismo patroneado en su día por el español Rodrigo Rato y más tarde por el incontinente francés Dominique Strauss-Kahn se había labrado una muy justa fama de madrastra de cuento que ahora podría echar a perder con estas inopinadas recomendaciones. Que los ricos paguen más para ayudar a los pobres. Habrase visto.

Cierto es que, en su origen, esta institución de las Naciones Unidas nació con el propósito de facilitar el comercio internacional y, como consecuencia, reducir la pobreza en el mundo. Son benéficas intenciones que, sin embargo, chocaban hasta ahora mismo con su habitual tendencia a quejarse de lo mucho que cobran los trabajadores y lo poco que producen a cambio.

“El FMI podría echar a perder su justa fama de madrastra de cuento. Que los ricos paguen más para ayudar a los pobres. Habrase visto”

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Y no solo eso. No hace tanto aún que el FMI proponía a los gobiernos dilatar unos cuantos años la edad de jubilación de los currantes y, ya puestos, reducir la cuantía de las pensiones que pudieran cobrar en el futuro. Temían los gerifaltes de la organización que la tardanza en morirse de los jubilados causase graves quebrantos en la tesorería de los Estados y de las compañías aseguradoras que cargan con los pagos a esta parte improductiva de la población.

Adelantándose a sus deseos, fueron muchos los gobiernos –incluido el español– que retrasaron en dos años la edad de retiro, a la vez que reducían el importe de la paga a los nuevos pensionistas. Y no es seguro, en absoluto, que la cosa quede ahí.

Trabajar más, cobrar menos y jubilarse lo más tarde posible –y con menor pensión– venía siendo hasta el momento el credo que el FMI difundía entre los gobiernos del mundo, que en general aceptaban como órdenes estas sugerencias. Por eso sorprende su último acuerdo a favor de un reparto de las pérdidas que está causando la pandemia en curso.

El problema reside en saber si los afectados por el impuesto del COVID que ahora propone la organización van a estar por la labor de aceptarlo. Warren Buffett y otros megamillonarios americanos abogan a favor de la medida; pero no es menos cierto que otros muchos de menor cuantía se declaran partidarios de que los ricos paguen más… siempre que no les afecte a ellos. A ver cómo arregla eso el FMI.

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