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Opinión

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

Nueva vida para el pasado industrial

Vigo no debe olvidar su herencia industrial. La ciudad que creció gracias y a costa del mar, que fue capaz de sobrevivir a crisis impuestas como la reconversión naval o la pérdida de caladeros históricos para la pesca, y de liderar sectores estratégicos de la economía como la automoción, no puede rehuir de su pasado, pero tampoco ser cautiva del mismo.

Los cerca de 150.000 metros cuadrados de naves y solares industriales abandonados en la fachada marítima, desde Teis hasta Bouzas, son imperdonables. Un balcón con las mejores vistas a la ría sin provecho empresarial ni social. Una anomalía que en otras urbes también de tradición marcadamente industrial como Bilbao han sabido transformar en espacios para el disfrute ciudadano. ¿Por qué no en Vigo?

Ya se han dado pasos. Hay que reconocerlo. El proyecto urbanístico de Cordelerías Mar en Jacinto Benavente es un ejemplo. De nave ruinosa símbolo del esplendor pesquero de la primera mitad del s. XX a futuro complejo residencial que contribuirá a dar luz una calle por tramos fantasmal. Y hay otros. La humanización de Marqués de Valterra, los planes para Barrio do Cura, La Panificadora... Pero es un proceso que debe continuar y requiere de un consenso por parte de las administraciones. Por el bien común.

¿Significa esto renunciar a la industria? Ni mucho menos. Vigo es y debe ser sinónimo de industria. Va en su ADN. Pero la mayoría de estas naves y solares llevan décadas vacías, sin actividad ni demanda empresarial, que se ha trasladado, como es lógico, a los polígonos. Es el momento de devolverles la vida que antaño proporcionaron a miles de trabajadores vigueses.

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