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Ceferino de Blas.

La deuda de Vigo con su historiador

El alcalde de Vigo, Ceferino Maestú Novoa, meses antes de abandonar el cargo, propuso que constase en acta el sentimiento de la corporación por el fallecimiento del académico e historiador vigués José de Santiago. Y en ocasión oportuna, que se diese su nombre a una de las calles de la ciudad. La corporación acordó lo propuesto por unanimidad.

Han transcurrido cien años y el callejero de Vigo sigue sin incorporar el nombre del autor de “Historia de Vigo y su comarca”, considerado uno de los referentes bibliográficos de la ciudad, si no el primero.

En el prólogo, el abogado José de Santiago y Gómez revela el esfuerzo que realizó para elaborar y dar fin a esta magna obra, que está marcada por una triple pérdida, la de su mujer, que lo impulsó para seguir investigando, y culminó seis años después con otros dos quebrantos, que fueron la muerte de su única hija y la de su madre.

Los vigueses se enteran de la existencia de la “Historia de Vigo”, recién publicada en Madrid, donde residía el autor, en febrero de 1896, cuando este periódico le dedicó una reseña e informó de que se vendía en la librería de Eugenio Krapf, al precio de 12 pesetas el ejemplar.

Abogado de profesión, al igual que su antecesor en el estudio de la historia de Vigo, el médico Nicolás Taboada Leal, su gran vocación fue la de historiador y publicista. Acumula varias obras, entre editadas e inéditas, con títulos como “Bayona antiguo y moderno” o “Metafísica del individualismo”, que habla de sus vastos conocimientos e inquietudes intelectuales. Para este último libro solicitó al Ayuntamiento vigués una ayuda, en concepto de compra de ejemplares, en 1920, que le será concedida. Fue la última comunicación que se tuvo de él en Vigo.

La siguiente noticia fue la de su muerte, en julio de 1921, en Castellón, donde residía hacía años, desde que había vuelto a casarse. Quizá ocupado en la investigación y en la edición de libros no se había implicado en la profesión, y su final fue muy penoso, “sosteniéndose con el producto de lecciones de idiomas”.

Lo reflejaba el popular columnista vigués Pío Lino Cuiñas, en uno de sus artículos por aquellos días: “Murieron oscuramente el poeta y cronista, Nicolás Taboada Fernández, y Pepe Santiago, fallecido en el mayor abandono lejos de su tierra nativa”.

Por fortuna, el Instituto de Estudios Vigueses reeditó hace años su gran obra, “La Historia de Vigo y su comarca”, y las nuevas generaciones tienen la oportunidad de leerla y estudiarla, y acceder a una documentación de enorme interés. Sin el academicismo que otorga la especialidad, José de Santiago, jurista de profesión, venció los inconvenientes con rigor y tuvo la capacidad de escribir la mejor crónica de su ciudad, que aún hoy resulta indispensable.

Describe episodios con una enorme vivacidad, como la batalla naval nocturna frente a Bayona, entre las flotas portuguesas de Pedro y Miguel, en la “Guerra de los dos hermanos”, seguida por muchos gallegos de la época desde los acantilados.

La marcha de Ceferino Maestú de la alcaldía, a principios de 1922, por razones profesionales, es la principal causa de que no se hiciera realidad el acuerdo de la corporación de incluir a José de Santiago en el callejero.

Ceferino Maestú, otro vigués que también murió dramáticamente, al comienzo de la guerra civil, en San Roque (Cádiz), donde se había establecido y ejercía de abogado, era un entusiasta de la cultura, que puso el rótulo de Martin Codax a una calle y nombró al arquitecto Antonio Palacios hijo adoptivo de Vigo, en 1920. Apreciaba a su paisano el historiador, cuando le ayudó con su última obra, sobre metafísica, pero ya no pudo cumplir su palabra al abandonar la alcaldía.

El Ayuntamiento de Vigo sigue con su deuda de llamar José de Santiago a una calle, y la Wikipedia con la de rectificar el año y el lugar de fallecimiento, que fue en Castellón, en julio de 1921.

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