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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

La imaginación

La verdad es que se echaba de menos, en la política de estos tiempos, que alguien cumpliese lo que tanta gente joven de entonces reclamaba en las calles hace ya más de 50 años: “la imaginación al poder”. Y eso es lo que, parece, se ha decidido a llevar a cabo la Xunta de Galicia con iniciativa de establecer másteres en la Formación Profesional. Parece que la renacida patronal gallega animó al conselleiro de Educación y el señor Rodríguez puso manos a la obra en una tarea que –con algo de suerte– cumplirá muchos e importantes objetivos.

Sin agotar el catálogo, cumple señalar el primero de esos objetivos y piedra angular del proyecto: eliminar mediante los nuevos máster la idea de que la FP es el purgatorio para quienes no acceden a la universidad, una sandez que el tiempo ayudó a convertir en axioma. Y, también, cubrir el empleo de sectores que tienen demanda pero para los que apenas hay oferta gallega. Dado que el mercado, sobre todo el laboral, no espera, pretender que lo haga aquí es quizá el error que tiene a Galicia, y a España, con los niveles de paro más altos de la Europa comunitaria.

Ocurre, por cierto, ante el silencio de los grandes sindicatos estatales, a los que se nota tímidos ante el riesgo de morder la mano que –en sentido figurado, ma non troppo…– les da de comer. En tiempos no lejanos, con los índices de desempleo juvenil y los de ocupación temporal, ardían las calles con las protestas. Como se lamentaba el latino, “¡Oh tempora, oh mores…¡”. Esa es una de las razones, siempre desde una opinión personal, por las que la iniciativa de la Xunta no solo merece el aplauso sino el respaldo de una sociedad necesitada de equilibrio en cuestiones clave.

Verbigratia, las del binomio preparación/ocupación y de capacidad para rediseñar parte de su estructura técnica y económica para afrontar desafíos que se esperaban a medio plazo pero que la pandemia anticipó. Por eso, y porque la competencia va a ser feroz, resulta urgente que quienes deben contribuir a que los cambios sean, además de rápidos y completos, lo menos traumáticos posible, se pongan a la tarea. Porque si bien bastantes de los realizados hasta ahora se han calificado “de país”, este va más lejos: atañe a la supervivencia misma de este país.

Poco hay de exageración, ya que esa es la auténtica dimensión de lo que forma parte esencial de la Galicia que se busca, que se precisa y que se viene reclamando desde hace demasiado tiempo por los sectores más dinámicos de las llamadas “fuerzas vivas”. Y para conseguir el objetivo habrá que intentar todo lo posible e incluso lo que parece imposible: resucitar a las otras fuerzas, las que algunos dan por “muertas” de modo que contribuyan al esfuerzo colectivo. Y para eso se requiere, también, de aquella imaginación que una juventud sin miedo exigía desde la francesa Nanterre a toda Europa y más allá.

¿Eh…?

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