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Faro de Vigo

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Olga Seco Seco.

Vaya Semana Santa

Al escribir una columna, normalmente, hay un punto de partida. Nuestros pensamientos son gente de gusto que se reconocen en la forma y en el tema. Hay días en los que la angustia se percibe en la realidad, y sus efectos dejan en nosotros un tono vacilante. ¡Vaya Semana Santa! Sí, el puto virus, nos ha robado el hondo sentimiento de las procesiones; las ciudades (a día de hoy) son la indiferente lejanía que con ansiedad contempla la vida. Jamás pensé que con la sensibilidad del recuerdo podría mover un paso de Semana Santa. Y, sin embargo, lo estoy haciendo... Creo que al ritmo que vamos (y viendo las proporciones de la vida actual) lo convencional se convertirá en histórico y lo histórico en disparate. ¿Lo dudan? Los seres humanos no podemos vivir tanto sentimiento de soledad; el mundo siempre ha sido el ejemplo de lo exacto, de lo profundo, de lo que combina con los sentimientos y los afectos. Ahora (opinión subjetiva) todo es similar a un prospecto. Y lo “mejor” del caso es que a diario (por necesidad) tenemos que consultarlo y con disciplina seguir la letra pequeña. Y la grande: faltaría más.

Soy zamorana, y junto a su Semana Santa comprendí la insaciable curiosidad de lo congénito. Me da pena ver el ansioso malestar de muchos cofrades; es importante ver que junto a la presencia de la fe todo se multiplica. Es desconcertante ver la apariencia de un Viernes Santo y no poderlo vivir.

Pongo en un plato unas aceitadas, y dejo junto a ellas, el compromiso de muchas tradiciones. Coman una, sí, junto al más hondo secreto de la pena, se expone la notoriedad del amor. Zamora es la vocación de la soledad, siempre estuvo alejada de tumultos, y junto al silencio llora el malestar de lo que no se puede vivir.

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