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Juan Tapia.

Nuestro mundo es el mundo

Juan Tapia

ERC y su duda existencial

Puigdemont somete a Aragonès a un largo ‘via crucis’ porque cree que los republicanos no se atreverán a una opción transversal

Las elecciones fueron el 14-F y JxCat ya ha impedido dos veces la investidura de Pere Aragonès, candidato de ERC. Ahora dicen que puede haber pacto por Sant Jordi, más de dos meses después del 14-F. Las conclusiones son claras: Una, si precisan dos meses para formar Govern, el desafío independentista huele a pólvora mojada. Dos, si ERC, JxCat y las CUP llegan al final a un acuerdo, el Govern será débil y dividido. Tres, ERC no ha hecho nada para que el PSC permitiera la investidura porque es prisionera de la apuesta independentista.

¿Qué separa a JxCat y ERC? Primero, la enemistad de sus líderes, Puigdemont y Junqueras, que tiene mucho que ver con el papel de ambos cuando la declaración unilateral de 2017. Ninguno de los dos quería ir tan lejos –Puigdemont barajó convocar elecciones–, pero los dos apostaron por echar al otro la culpa de “la traición” (la no DUI). Y al final hicieron lo que sabían que acabaría mal, que llevó al uno al exilio y al otro a la cárcel. Y ambos se proclaman el más consecuente y fiel a la independencia.

Riña de líderes aparte, ERC cree hoy que la independencia necesita más apoyo que la mitad de la ciudadanía que recogen todas las encuestas y los resultados electorales. Más cuando el 48% o el 51% de las elecciones del 2017 y 2021 implica un apoyo (contando abstenciones) del 33% y el 27% del electorado. ERC cree así que hoy la unilateralidad sería otro fracaso y que hay que negociar con el Estado, más cuando en Madrid no gobierna el PP sino una coalición sin mayoría del PSOE y Podemos.

Por el contrario, Puigdemont cree que la negociación es imposible porque el Estado no admitirá el referéndum de autodeterminación (tiene razón) y que hay que practicar una “confrontación inteligente” con España que la desprestigie más en Cataluña, que agudice la crisis española y que genere apoyo internacional contra la represión. El papel lo aguanta todo, pero España no se hunde (pese a la crisis) y está en la UE. Y lo que menos apetece a Europa es cuestionar a uno de sus estados que es la cuarta economía del euro.

JxCat y ERC discrepan del todo en la estrategia, pero ambos proclaman –a diferencia del PNV– que la independencia es posible a no muy largo plazo. Y lo dicen porque una parte sustancial de sus electores no sólo lo cree, sino que no quieren ser desengañados. Como los niños que no desean saben que los Reyes son los papás.

Por eso ERC es emocionalmente incapaz de romper el sueño del 2017 e ir a un pacto transversal. Y Puigdemont, que lo sabe, se viste de guardián del referéndum del 1-O y les chantajea. Además, sabe que a todo gobierno de España –el nacionalismo español pesa– le es difícil un trato desapasionado del conflicto. Y lanza insidias contra ERC cuando pacta con el PSOE.

La clave es la negativa a admitir que la democracia se concreta en el Estado de Derecho.

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También por eso ERC no se atreve a plantar cara y negociar con los comunes y el PSC, cuando el PNV sí lo hace con el PSOE vasco (y contra Bildu). Así ERC huye de la realidad. Se vio en el debate con Illa. Aragonès no admite que un gobierno exclusivo del independentismo parte a Cataluña en dos y pierde fuerza para exigir el máximo respeto al autogobierno (al revés que el PNV).

Pero la clave es la negativa a admitir que la democracia se concreta en el Estado de Derecho. Aragonès argumentó, con razón, que las leyes pueden cambiarse. E Illa le respondió que sí, pero solo a través de los cauces de las leyes vigentes. Y el independentismo no lo puede asumir porque con la Constitución del 78 (muy refrendada en Catalunya), el camino legal a la independencia es casi nulo. Ningún Estado –ni el de Canadá– quiere ser amputado. Y Heribert Barrera, que evitó –como pudo– que ERC desapareciera en la transición, me lo explicitó: “la Constitución ofreció a Cataluña una atractiva gabia d’or (jaula de oro), pero si entras en la jaula ya no puedes salir».

Pujol aceptó la gabia. Quería ser president y la creyó un paso adelante. Sus herederos la rechazan parapetados en las fuertes instituciones catalanas (la gabia). Y en ERC siguen en el no del 78.Y no aprecian los análisis ni de Barrera ni de Tarradellas, que por su historia sabían que Europa es una unión de Estados que cooperan y se protegen. Nada que ver con los Reyes Magos.

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