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Enrique López Veiga

Enrique César López Veiga

Exconselleiro de Pesca

Rodear el Congreso, el Parlamento catalán o asaltar el Capitolio es lo mismo: un ataque a la democracia

Estoy hasta el moño, que no tengo, de que quienes sí lo tienen se empeñen en darnos prédicas y moralinas al resto de los ciudadanos con el objeto de que nos convirtamos a la fe verdadera, es decir, la suya. Naturalmente, me refiero directamente a los líderes de Unidas Podemos, que últimamente se empeñan en darnos lecciones de democracia al resto sin pararse a reparar que los “Torquemadas” nunca fueron el paradigma de la tolerancia ni de la democracia. Pues bien, a estos políticos procedentes de asambleas universitarias muy poco tolerantes o partidarios de los escraches (menos cuando se los hacen a ellos) conviene recordarles unas cuantas cosas.

Una verdadera democracia se basa, en primer lugar, en el respeto exquisito de los derechos individuales únicamente limitados por la Constitución correspondiente. En segundo lugar, una verdadera democracia se basa en la tolerancia, es decir, en el respeto profundo a las opiniones de otras personas o grupos, naturalmente siempre que estén comprometidos con el orden Constitucional y eso debe de llevar a la moderación en el discurso político. En tercer lugar, una verdadera democracia se basa en el respeto a la ley, es decir al Estado de Derecho donde además las leyes se aprueban en la sede de la representación de los ciudadanos, o sea, los Parlamentos. En cuarto lugar, una verdadera democracia debe de respetar sus instituciones, que no tienen la culpa de los errores de los gobernantes.

Ahora bien, quien quiebra las normas democráticas, está en infracción porque lo que se sanciona es el HECHO DELICTIVO y no quién lo comete. Efectivamente, si paseando por la calle se acerca a usted alguien y le propina un sopapo, usted no reaccionaría en virtud de si el que se lo propinó es de izquierdas o de derechas. El hecho delictivo y sancionable es el sopapo.

"Si se acerca a usted alguien y le propina un sopapo, usted no reaccionaría en virtud de si el que se lo propinó es de izquierdas o de derechas"

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Pues bien, me produce estupor que el vicepresidente Iglesias, que ha dejado de comprar el pan donde lo hacía antes, nos diga a los que lo seguimos comprando en el mismo sitio, que está a favor del indulto a los presos del procés catalán, quienes en contra de la Constitución declararon la independencia, o defender que rodear Congreso o Parlamento catalán forma parte de la libertad de expresión y, por lo tanto, es excusable porque eran los suyos, para después condenar el impresentable asalto al Capitolio simplemente porque lo hizo la extrema derecha. Todos estos actos son condenables en sí mismos, porque son contrarios, uno y otros, a las normas democráticas y a la Constitución de aquí y de allí.

Le recomiendo al sr. Iglesias que lea lo que decía “The Economist” con respecto a ese asalto del Congreso: “El Sr. Trump está acusado de incitar una insurrección, la culminación violenta de su campaña, para darle la vuelta a una elección que perdió. En una democracia no cabe mayor crimen”. Como los españoles tendemos a sobrevalorar las opiniones del exterior e infravalorar las nuestras, ya se ve que la comprensión del Sr. Iglesias hacia los independentistas catalanes y los que rodearon el Congreso y Parlamento catalán, no sería apreciada en las democracias anglosajonas, porque es una comprensión hacia quienes cometen un delito, actitud que ciertamente no sería la misma si los que lo hubieran hecho fueran de derechas: entonces caerían maldiciones y anatemas del sr. Iglesias sobre ellos. Francamente, no se me hace nada apetecible estar gobernados por políticos tan arbitrarios que parecen ser un híbrido de Doña Urraca y Don Berrinche, los personajes del “TBO”.

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