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José María de Loma.

Indecisiones

No sé si fundar una editorial o comprarme un donut. Las indecisiones son así. Uno puede no ser indeciso, aunque no sé, no sé, y sin embargo ser colonizado por una indecisión súbita y pasajera o duradera en el tiempo. Hay indecisiones que duran una semana e indecisiones que duran lo que tardas en decidirte por este u otro restaurante. Hay indecisiones a contracorriente: no saber si estás de parte del Coyote o del Correcaminos. Indecisiones electorales, indecisiones amorosas, indecisiones laborales. A veces, de lo único que estoy seguro es de que no me decido.

La indecisión es prima del escepticismo y a veces se dan la mano y van de paseo. Entonces oyen los piropos que les lanza la desidia, deseosa de atraerlos a su terreno. No sé si escribir una columna sobre la actualidad política o colgar de una vez el cuadro que veo moribundo en una silla. Fue obra de un pintor indeciso, dado el trazo poco firme y las figuras apenas esbozadas que pueden atisbarse en él.

El inseguro duda y por tanto queda alguna esperanza de que esté reflexionando. El muy seguro puede devenir en dogmático. Y tal vez, no estoy seguro, tenga en su casa un dogma nuevecito que alimente mucho cada tarde por ver si crece y se hace compañero fiel para siempre. El indeciso que se hace marinero navega en un mar de dudas. El juez indeciso tiene su carrera vista para sentencia. Hay escritores tan indecisos que aún no han logrado poner el punto final. Los cruces de caminos están llenos de indecisos. El redactor indeciso llena el texto de disyuntivas. Ya nos dijo Bertrand Russell que “revisar una decisión es una de las mayores fuentes de infelicidad”. El castizo lo tradujo como “a lo hecho, pecho”. Pero menos pechos, Caperucita. Que luego vienen los remordimientos.

"Si nos devolvieran el tiempo que hemos tardado en tomar algunas decisiones, tendríamos horas de sobra para rehacer nuestra vida"

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La duda nos humaniza, pero llevada al extremo nos transporta al país del cuajo. El entrenador que hace rápido los cambios le mete un gol a la indecisión. Si nos devolvieran el tiempo que hemos tardado en tomar algunas decisiones, tendríamos horas de sobra para rehacer nuestra vida. El zapping es el orgasmo de los indecisos.

Hay dos expresiones que los políticos no saben pronunciar. Una es “no lo sé”. La otra es “no estoy seguro”. Yo no estoy muy seguro de por qué, pero parece que supone reconocer un error, una debilidad o una leve ignorancia. Ignorancia Pérez sería el nombre de un personaje surrealista. El científico dudoso no está muy seguro de si el indeciso nace o se hace. Yo no sé si el cómodo nace o se mece.

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