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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Los buitres

Pocos datos como los que acaba de publicar FARO DE VIGO demuestran la exactitud del apodo aplicado a determinados negocios cuyo éxito se basa en el fracaso de otros. Son, desde luego, legales, pero sin duda merecen lo de “buitres”, aunque suavizado por su condición de fondos financieros. Pero conste que lo de suavizar es más que opinable si se añade que el método en el que se fundamentan consiste en arriesgar lo menos posible para ganar cuanto más mejor. Lo que es del todo habitual, y hasta puede que los expertos digan que excelente, pero rechina.

La prueba de que el punto de vista –particular, desde luego– que se expone no es infundado aparece en los datos citados por este periódico: una lluvia de demandas rápidas por deudas, agilizada por un sistema ad hoc que agrava del todo –por la premura– las dificultades de quienes se ven obligados a acogerse a esos fondos por la vía del préstamo o desembocar en ellos mediante la venta. El proceso posterior, a veces –pero no muchas– menos traumático de lo que dibujan los tópicos, consiste en viabilizar lo que hay para después, troceado o no, venderlo.

Parece cierto que, como dicen algunos especialistas, el esquema es más complicado que eso, y que reducirlo a algo que se parece a la antigua usura resulta además de inexacto, impropio. Pero aun aceptando que pueda ser así, hay bastante de verdad en el método. Y lo saben muy bien no pocos gallegos, en persona o como grupo, que se han visto demandados hasta el punto de atascar los tribunales en los últimos diez años. Curiosamente, desde la crisis de 2008-2012, cuyos últimos coletazos van a añadir castigo a la que ya se vive desde 2020 por culpa del coronavirus.

(También por la imprevisión de una sociedad, un sistema y una doctrina que parecen saberlo todo, pero que aprenden con lentitud y en ocasiones sugieren la arrogancia de creerse invulnerables. Las prácticas de los fondos “buitre” deberían constituir una señal de alarma encendida desde que sus beneficios empiezan a crecer a la vez que disminuyen los de los demás. Algo que se agrava por la miopía de gobiernos e ideologías que adoran el dinero o “colectivizan” el reparto, quedándose con la mayor y mejor parte.)

En términos de Galicia, y más allá de las explicaciones ortodoxas, la realidad demuestra que ha habido en estos años demasiados despojos y, por lo tanto, abundancia de buitres. Además, por cierto, de la creciente presencia de otros financieros, muchos de ellos procedentes del Extremo Oriente, que se hacen con el control de las empresas nacionales y las controlan a la vez que condicionan el mercado. En una economía global, como la que hay, resulta inevitable, pero –siempre desde la opinión personal– conviene reflexionar sobre ello. No tanto por la aportación de capital o de que parte de éste sea extranjero, sino por lo que implica de pérdida de capacidad de decisión. Y de influencia: quien paga, manda, aunque sea un buitre, pero el que obedece, en ese mundo, algo pierde. Siempre.

¿No…?

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