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Ceferino de Blas.

El prestigio de la Academia Médica

Un viejo libro sobre los médicos vigueses recuerda que, en esta década, coincide el centenario de la Academia Médico Quirúrgica, que ejerció una labor de reciclaje intelectual encomiable. Viene al caso cuando se cumple el año de la llegada de la epidemia del coronavirus que puso a prueba la capacidad y entrega de los profesionales como hace un siglo la gripe española retó a los fundadores de la Academia.

Los años veinte de la anterior centuria fueron fecundos en Vigo. Se crearon sociedades y organismos que impulsaron la modernización de la ciudad. Comenzó con la constitución del Cuerpo Consular, y la apertura de la Escuela de Comercio, el centro más acorde con la esencia empresarial viguesa. Siguió el Ateneo que fue la sociedad cultural de mayor relieve, y se fundó el Celta, el club que se convirtió en un símbolo. Surgieron dos importantes periódicos, “Galicia” y el “Pueblo Gallego”, y aunque apenas se recuerde, se creó una institución prestigiosa: la Academia Médico Quirúrgica de Vigo.

Aunque los médicos ya tenían colegio profesional, elevaba la categoría del colectivo y satisfacía la necesidad de formación. Eran conscientes de su prestigio, pero sabían que las exigencias de una ciudad en crecimiento demandaba la mejor atención a la salud. Corría el año 1929, a punto de caer la dictadura de Primo de Rivera y de iniciarse el camino de la República.

Lo recuerda el opúsculo “Anales de la Academia Médico Quirúrgica Provincial de Vigo”, publicado en 1954 para festejar el veinticinco aniversario de su fundación y su trayectoria. Incluye la relación de los nombres que ejercieron la profesión, los puestos que ocuparon dentro de los organismos, sus aportaciones intelectuales y otros datos biográficos.

"Eran tiempos en los que los médicos gozaban de un reconocimiento casi reverencial, y a nadie se le pasaba por la imaginación agredirles, como por desgracia ahora ocurre con los profesionales de la salud"

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A la sesión constitutiva, celebrada el 28 de octubre de 1929, en el local social de la calle Velázquez Moreno, número 16, asistieron 48 académicos. Era presidente de honor Enrique Lanzós, un personaje capital en la lucha contra la gripe española. El comité estaba presidido por Nicolás Paz Pardo, quien aludió “al interés científico y profesional que representa esta institución académica en nuestra ciudad”.

Solo había una mujer entre los presentes, Olimpia Valencia, la primera médico gallega. Algo que hoy parece inconcebible, cuando hay tantas mujeres como hombres en la profesión.

Otro de los fundadores era Ramón González Sierra, el médico que logró que Castelao no se quedase ciego. En el año 26, cuando publicaba sus famosas “Cousas da vida”, en este periódico, dejó de hacerlo porque se encontraba a punto de perder la vista. Por fortuna González Sierra, que hizo la especialidad de oftalmología en Burdeos, logró que recuperara la visión, y al año siguiente Castelao volvía a divertir y hacer pensar a los gallegos con sus viñetas.

Eran tiempos en los que los médicos gozaban de un reconocimiento casi reverencial, y a nadie se le pasaba por la imaginación agredirles, como por desgracia ahora ocurre con los profesionales de la salud.

La institución se caracterizó por las jornadas de trabajo, sesiones científicas, cursillos, incluso conferencias magistrales de especialistas internacionales, que permitió a la profesión estar al día.

Es lo que siempre han justificado las voces que piden que Vigo acoja una facultad de Medicina, porque cuenta con profesionales preparados para la docencia y con recursos para impartirla. Es una aspiración a la que no debe renunciar la ciudad.

La pandemia ha devuelto a la clase médica un impulso social del que parecía alejada, y ha logrado un común aprecio de la sociedad, que salió a aplaudirles, tanto por su preparación como por su entrega. Es un logro que no debe perderse.

Quizá ayudase a reactivar la cualificación social del colectivo la recuperación de la Academia Médico Quirúrgica, que durante tanto tiempo le aportó prestigio intelectual y fue garantía de que sus profesionales estuvieran a la altura para atender a los pacientes.

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