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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

El culebrón

A estas horas es más que probable que el largo serial sobre posibles relevos en la cúpula del PP –que va pareciéndose cada vez más a un “culebrón” de los habituales en algunos canales de televisión para distraer a los agobiados por la pandemia– cambie de argumento. Hasta ahora se enfocaba, por algunos aquí, como una especie de duelo entre un posible aspirante “bueno” –el presidente Feijóo- y un dirigente “malo”, al menos políticamente hablando, que por supuesto sería el señor Casado. Hasta que don Alberto Núñez negó el asunto y su hipotética candidatura.

Vistos los antecedentes –hasta hace una semana–, no parece que el nuevo desmentido signifique el cierre total del culebrón. Primero porque la debilidad de la dirección popular actual es manifiesta, y segundo porque sus continuos y poco explicados cambios de estrategia acrecienta esas flaquezas. Y ni siquiera los pactos institucionales responden al deseo ciudadano de que sean estables: es sospechoso que Casado los acepte después de la debacle del PP en Cataluña y bastantes de los suyos temen que Pedro Sánchez vuelva a demostrar su capacidad para el engaño.

Que las cosas en el PP no van bien lo demuestra –se diga lo que se diga sobre mensajes mediáticos, lealtades o aspiraciones– el desmentido del señor Feijóo. Que responde a una creencia extendida de que es, y seguirá siéndolo, una seria alternativa interna y externa –probablemente la más sólida a pesar del episodio de la renuncia anterior– para un cambio necesario en el que en este momento es el principal partido de la oposición. Amenazado según casi todas las encuestas por Vox, que ahora amaga con romper el pacto en Andalucía. Una maniobra que “huele” a desafío para que ésa otra derecha creca más deprisa.

En este punto conviene, quizá, dejar varias cosas claras desde un punto de vista personal. Primera, que don Alberto Núñez es el valor más sólido del PP, con larga ventaja sobre otros posibles. Segundo, que tiene todo el derecho a expresar sus opiniones, exponer propuestas acerca de lo que debería hacer su partido cara al futuro y que, en definiva, podría escribir una novela histórica o redactar sus memorias. Pero hay modos y modos de hacer las cosas, y conviene respetar no sólo las formas sino plantear las cuestiones de fondo donde se debe para dejar claras las lealtades.

Desde luego, un par de puntos expuestos por el presidente gallego acerca de las repercusiones de sus críticas en medios estatales son inverosímiles. Porque las discrepancias internas que se niegan van mucho más allá del dúo Casado-Feijóo. Y además son públicas, en el sentido de que basta fijarse bien para verificar que hay humo y dónde está el fuego. Que no da pie todavía a hablar de un siniestro total, pero que hace increíble que alguien serio y sensato como el jefe del Ejecutivo autonómico se preste a negarlo, e incluso a comentar que sus opiniones no han contribuído al incendio. Y al culebrón.

¿Verdad?

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