Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Joaquín Rábago.

El denostado papá Estado, en apoyo de la industria

No les falta razón a quienes denuncian que los mismos grandes empresarios a los que se les llena la boca hablando de las sagradas leyes del mercado terminan siempre recurriendo a ese Estado del que tanto abominan.

Así hemos visto cómo empresas que trucaron los motores de diésel para cumplir las normas de emisiones de CO2, han conseguido ahora que el Estado subvencione generosamente la adquisición de nuevos automóviles menos contaminantes.

En un momento en que las medidas para frenar la pandemia del coronavirus y minimizar sus consecuencias económicas exigen desembolsos sin precedentes por parte del Estado, las empresas vuelven a recurrir a él para afrontar los gastos de la transición energética.

En Alemania, por ejemplo, empresas de distintos sectores han creado una llamada “Fundación 2 Grados” –aumento máximo tolerable de la temperatura media del planeta para evitar la gran catástrofe ecológica– que se dedica a buscar el apoyo de la política a un nuevo modelo de negocio.

El Estado alemán está ayudando a los fabricantes de automóviles en su transición a la llamada “electromovilidad” y al mismo tiempo a las empresas del sector químico como BASF, que ha construido una nueva planta para los materiales que necesitan las nuevas baterías.

"Empresas que trucaron los motores de diésel para cumplir las normas de emisiones de CO2, han conseguido ahora que el Estado subvencione generosamente la adquisición de nuevos automóviles menos contaminantes"

decoration

Siete mil millones de euros ha decidido también invertir el Gobierno de Angela Merkel para ayudar a los sectores de la industria que apuestan por el “hidrógeno verde”, tecnología aún en fase de investigación y que dista todavía mucho de ser realmente competitiva.

Así, como explica el semanario “Der Spiegel”, un kilo de energía solar o eólica es de momento entre cuatro o cinco veces más costoso de producir que la cantidad equivalente de “hidrógeno gris”, a base de gas natural.

El Estado federal alemán desembolsará nada menos que 2.600 millones de euros a la compañía energética RWE para que acabe totalmente de aquí al año 2038 con la dependencia del lignito y se vuelque en las energías renovables.

Ocurre, sin embargo, que las centrales térmicas de carbón de RWE iban a tener dificultades económicas, dado que los certificados de emisión de carbono (CO2) ya no son competitivos.

El director ejecutivo de RWE dejó que sus centrales de carbón siguieran funcionando, amenazó al Estado con una reclamación por daños y perjuicios en el caso de que ese ordenara el abandono del carbón sin compensar a la empresa y ganó la apuesta, con el resultado que son los contribuyentes quienes financian el nuevo modelo de negocio.

Algo parecido ocurre con la industria alemana del automóvil, que perdió un tiempo precioso para dar el salto a la electromovilidad, siguió apostando por los motores de combustión y ahora reclama también la ayuda del papá Estado: la compra de un coche eléctrico en Alemania está subvencionada con hasta 9.000 euros.

O también con la aviación, que ha apostado a su vez por nuevos combustibles sintéticos, cuya producción encarecerá notablemente los vuelos y que aspira también a recibir generosas subvenciones públicas.

Por no hablar de la industria siderúrgica, especialmente contaminante y que está actualmente en negociaciones con el Gobierno de Berlín en busca también de ayuda.

Los expertos predicen en cualquier caso que se crearán nuevas cadenas de suministro para el transporte de las energías renovables de una región a otra.

Así, por ejemplo, en las costas chilenas, donde hay numerosos parques eólicos, dos empresas alemanas –Siemens y Porsche– proyectan crear una gran planta de producción de combustibles sintéticos, que se llevarían luego en barco hasta Europa.

Hay, no obstante, quien considera que sería más conveniente aprovechar la energía directamente en el lugar de producción ya que, por ejemplo, en el mismo proceso de transformación de electricidad en hidrógeno se pierde mucha energía.

Eso significaría que Alemania tendría que estar dispuesta a trasladar buena parte de su industria pesada a regiones como el sur de España o Marruecos donde la abundancia de viento y de sol permiten generar las renovables a un coste mucho menor.

Compartir el artículo

stats