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Juan Carlos Herrero

Luisa, la practicante

Sanitocracia: “Divide et impera”

Doña Luisa, además de santa y sanitaria de barrio, entraba a casa para pinchar con su inseparable botiquín, una cajita metálica en la que portaba sus jeringuillas hervidas, tantas veces como nalgas duplicadas fueron expuestas a su herrado profiláctico. Luisa, la practicanta, nos curaba con el acierto y magisterio del punzado, de la experiencia, buscando dianas que a niños y mayores intramusculaba sin apenas hacer daño, nunca erraba.

De aquella cajita metálica al guirigay actual de vacunación y dosis, que se pierden o no llegan, hasta vacunas que llevan rombos para mayores de dieciocho, “Moderna”, “Astra” o “Pfizer” y un largo etcétera que nos confunde. Para el pinchazo de Luisa podías elegir, como mucho, la nalga o el brazo según qué mano. Entonces la punción era más sencilla, incluso doña Luisa iba a tu casa, era como de la familia, hasta paraba a merendar.

Ahora, no. Ahora o te subes en coche a la cola “in-n-out”, como en la hamburguesería, para que te inyecten tras la espera en un “checkpoint”, o te citen en el fielato donde congregar las masas, en fila india. Todo ello por falta, o bien de vacunas o bien de personal sanitario, teniendo que reenganchar batas blancas ya jubiladas: ¿es que no tenemos suficientes sanitarias que sepan practicar con jeringuilla?

“¿Cómo manda más don Simón que los cuatro generales que coordinaban los primeros estadios de esta guerra pandémica, de esta singular guerra?”

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No ya la sanidad, el Derecho es el que tiene la culpa. Han decretado el Estado “Social-sanitario”, Democrático y de Derecho. ¿Cómo manda más don Simón que los cuatro generales que coordinaban los primeros estadios de esta guerra pandémica, de esta singular guerra?

Las autoridades sanitarias han impuesto una “Sanitocracia” movilizando masas como para levantar una pirámide en cada área sanitaria, confunden la inmunidad de rebaño con la del borreguismo, y no es lo mismo.

Doña Luisa fue practicante, y su santo oficio de aguja no tenía más praxis que vaciar el frasquito de antibiótico que tanto “baby boom” salvó. Tras llegar la dosis de la farmacia, te mentalizabas para ir bajando los pantalones del pijama y que la practicante hiciera su función, le dejabas hasta hervir la aguja, para salir con destino a otra nalga.

Para pinchar los millones de brazos españoles se están complicando la vida. No se aplica el principio romano de “divide et impera”. Para algo tan simple como pinchar el deltoides, aun estando en guerra, lo hacen exclusivo para el grado universitario, antes Ayudante Técnico Sanitario, y primero practicantes.

Para las guerras, el fundador de Cruz Roja, Dunat, aludía que los sanitarios deben ser “profesionales perfectamente cualificados”, ergo una técnico auxiliar en cuidados de enfermería, a la que obligan por sentencia judicial a practicar –de practicante– heparinas a pacientes y mayores residenciados. ¿Cuál es la diferencia? Doña Luisa lo sabría explicar.

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