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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Las cautelas

Habrá de ir con cuidado, o quizá sea más exacto hablar de cautela, la conselleira de Política Social con las ideas –útiles y opinables, como todas, pero que demuestran que ella y su equipo piensan, algo no tan frecuente como parece– sobre las aldeas vacías y la repoblación de otras con personas en riesgo de exclusión. Y es que en un país como este no faltarán, si a estas horas no han surgido ya, quienes hablen de “segregación” y hasta de “guetos”, aunque quienes lo hagan no sepan su significado. Algo parecido a los que manejan lo de “fascismo” o “revolución”.

Lo único claro a estas alturas es que las ideas son opinables, y que otra cautela necesaria sería la de esperar a conocer mejor los proyectos antes de sacar la cimitarra crítica o el botafumeiro adulador. Entre otras razones porque faltan detalles claves y sobra tiempo: ni las aldeas se llenan en cuatro días ni buscarle vivienda a quienes están en riesgo de exclusión –o ya en ella– no se resuelve con el abracadabra de los prestidigitadores. Doña Fabiola García ha seguido una línea prudente a la hora de presentar iniciativas, y eso le aporta solvencia suficiente para confiar.

Expuesto, pues, el punto de vista –personal, como es costumbre– de que es pronto para criticar y que merece la pena esperar para ver, cabe desear que lo que planea la consellería salga bien. Por un motivo sobre todos, además de la edad: cuando algo funciona, los beneficiados son los que necesitan de ello, y cuando falla, resultan sea los primeros y más perjudicados. Eso es permanente, y por tanto tiene poco que ver con las críticas o los halagos que reciban los que toman las decisiones. Unos y otras vienen y van y dependen del color político de los gobiernos. Así están las cosas.

A partir de eso, y dicho con todo respeto, será también precisa la cautela a la hora de pensar y tratar a las personas: ellas son el objetivo de lo que se pretende, que es mejorar su situación. Desde un punto de vista particular, los mayores no dependientes como mejor están es en su casa con un control cercano por parte de ese “quien corresponde” tan difícil de hallar, y hasta de identificar, muy a menudo. Sobre todo cuando pintan bastos y, al modo carpetovetónico, en el que abundan tanto las administraciones que a veces no se sabe con exactitud ante cuál reclamar.

Conviene insistir en que han de explicarse con detalle y claridad los proyectos para que todos aquellos a los que se pretende beneficiar lo entiendan y lo asuman. Que no será una tarea sencilla, aunque a primera vista la teoría general no debiera discutirse. Porque, aún respondiendo a dos situaciones diferentes la dependencia y el riesgo de la pobreza extreman, requieren algo semejante: una política de inclusión, que algunos podrán ver contradictoria con lo que propone la señora García. No tiene por qué serlo, pero la cautela habrá de atender a la apariencia, ya que así es la sociedad en la que hay que moverse y de ese modo funcionan muchos en el oficio político.

¿No…?

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