Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Cuando Mercadillo triunfó en “La Casa de la Troya”

El barítono pontevedrés obtuvo en 1919 un gran éxito en el Teatro de la Comedia de Madrid con un cuadro especial de canciones gallegas

Mercadillo ataviado 
con el traje de gallego 
que usó en Madrid.  | // FOTO: ARCHIVO FAMILIAR

Mercadillo ataviado con el traje de gallego que usó en Madrid. | // FOTO: ARCHIVO FAMILIAR

Resulta sobradamente conocido que el reconocimiento artístico de Víctor Cervera Mercadillo no alcanzó una resonancia mayor y más acorde con su demostrada categoría de estupendo barítono, por el enorme apego que sintió por Galicia en general y por Pontevedra en particular. Casi nunca quiso salir de aquí y marchar con su música a otra parte para disfrutar de una bien ganada proyección nacional e incluso internacional.

Esa idea sintetizó muy bien doña Emilia Pardo Bazán, en cuyos salones actuó en más de una ocasión, cuando hablaba de Mercadillo y contaba que su entrañable devoción por su tierra, “permaneciendo en ella sistemáticamente, como si lo aprisionaran las florestas del país, privó a Galicia de un artista de primera calidad en el mundo, porque su personalidad merecía un marco más amplio y universal”.

Acaso la excepción más significada de esa sempiterna negativa de Mercadillo a desplazarse para actuar fuera de su tierra, acaeció de forma inopinada a principios de 1919. De buenas a primeras trascendió que el barítono había recibido una tentadora oferta y había decidido aceptarla de mil amores. El artista se encontraba en la cresta de la ola y no paraba de actuar en fiestas profanas y religiosas; benéficas y patrióticas; casas nobles, palacios y castillos, de A Caeira a Lourizán, pasando por Mos.

“¡Mercadillo a Madrid ¡Mercadillo a Madrid!” La buena nueva corrió de boca en boca por toda la ciudad y fue acogida con especial regocijo entre su legión de amigos y admiradores.

El ofrecimiento llegó a don Víctor por medio de un telefonema remitido por Torcuato Luca de Tena, director del periódico ABC y de la revista Blanco y Negro. La propuesta fue doble: protagonizar una escena añadida a “La Casa de la Troya”, que estaba representándose en el Teatro de la Comedia; y cantar también en una fiesta especial que estaba preparándose en La Bombilla, un popular local de la villa y corte en aquel tiempo.

De acuerdo con la versión recogida por Prudencio Landín, los responsables de la adaptación de la novela al teatro, Alejandro Pérez Lugín y Manuel Linares Rivas, detectaron qué pese al éxito cosechado en su estreno, la representación sufría en algún momento un cierto decaimiento o bajón durante el desarrollo de la trama. Y tras barajar distintas opciones, decidieron añadir una escena nueva, con canciones tradicionales de hondo sentir gallego, que elaboraron a imagen y semejanza de Mercadillo.

Ante un ofrecimiento tan tentador, nada menos que avalado por el periodista más influyente de España, con quien seguramente trabó amistad durante sus estancias veraniegas en el Gran Hotel de A Toxa, Mercadillo no supo o no quiso decir que no, o acaso ambas cosas.

A caballo entre la ilusión y la responsabilidad, el barítono marchó a Madrid en el tren correo del 28 de marzo y debutó el 1 de abril en el mentado Teatro de la Comedia, felizmente recuperado de un incendio sufrido cuatro años antes.

El anuncio de su presentación movilizó a la colonia gallega, ya numerosa en aquel tiempo, hasta el punto de que agotaron las localidades. Mercadillo obtuvo un “éxito clamoroso” con sus sentidas interpretaciones de la alborada “Unha noite na eira do trigo” y el alalá “Os Tangaraños”, ambas piezas con letra de Curros Enríquez y música del maestro Chané. Hasta en tres ocasiones tuvo que repetir las canciones. Y en los días siguientes, varió su repertorio con otras piezas, homenaje a Rosalía de Castro incluido.

Testigos excepcionales de aquel gran triunfo fueron la condesa de Pardo Bazán, el conde de Bugallal, Augusto González Besada y Jacinto Benavente, entre otras personalidades destacadas.

El cronista teatral de ABC subrayó el equilibrio mostrado en su doble faceta de barítono y actor; destacó la ternura y el sentimentalismo que puso en su forma de interpretar, y también elogió su “voz poderosa y bien timbrada”. La crítica madrileña se mostró unánimemente favorable al artista pontevedrés, tanto en El Debate como en El Sol, El Imparcial y El Fígaro. Todos se deshicieron en alabanzas y aplausos. Aquella noche, los actores principales de “La Casa de la Troya”, Manuel González y Carmen Jiménez se vieron en cierto modo eclipsados por la oronda y simpática figura del barítono pontevedrés.

Durante aquellos quince días que actuó en el Teatro de la Comedia, Mercadillo fue tratado a cuerpo de rey, nunca mejor dicho, por Torcuato Luca de Tena. Por invitación suya, Alfonso XIII asistió a su función de despedida, y el director de ABC acompañó al barítono hasta el palco regio, en donde recibió sus calurosas felicitaciones. Y también por mediación del influyente periodista fue recibido en audiencia privada por la infanta Isabel.

Por si todo esto fuera poco, Luca de Tena invitó al artista a almorzar en su casa el domingo 6 de abril, y en aquella mansión de Ayala 11 no se comía nada mala. De modo que Mercadillo disfrutó al máximo de su bien ganada fama de bon vivan. Ese mismo día, el periódico monárquico subrayó de nuevo su apoteósico triunfo con una gran caricatura firmada por Fernando Fresno, colaborador de referencia y padre de la recordada actriz Maruchi Fresno.

También la colonia gallega rindió su tributo debido a Mercadillo con una gran fiesta musical en La Bombilla, uno de los locales más famosos de la capital, que dio nombre a un gran parque madrileño.

“Con un lleno rebosante dio anoche su última audición el famoso cancionista gallego Víctor Mercadillo. La jornada resultó una digna coronación de la brillantísima campaña realizada”. Así despidió ABC su estancia en el Teatro de la Comedia, que se prolongó durante quince días.

A su llegada a Pontevedra el día 17 de abril en el tren correo, Mercadillo tuvo en la misma estación un cálido recibimiento de familiares, amigos y admiradores. Además de mostrarse “satisfechísimo” por la acogida recibida, mostró en la prensa local su especial reconocimiento al rey y a la infanta, así como al director de ABC por todas sus atenciones. Precisamente, lo primero que hizo fue remitir sendos telegramas de gratitud a dichas personalidades

Luego Mercadillo retomó como si tal cosa sus recitales e intervino con Alejandro Torres, su pareja artística en incontables ocasiones, en el solemne funeral de González Besada en Santa María, su iglesia preferida. Allí cantó por primera vez y quizá también allí realizó su actuación postrera.

El tributo de Mariano Asquerino en el Malvar

De actor a actor, cuando Mariano Asquerino se encontraba de gira por Galicia en el verano de 1949 con su compañía del madrileño teatro Lara, leyó en la prensa que se preparaba un homenaje a Mercadillo en Pontevedra. Y sin pensarlo dos veces, decidió saldar una cuenta con el barítono que tenía pendiente desde hacía mucho tiempo. La víspera de su presentación en el teatro Malvar con “La propia estimación”, una obra del reputado comediógrafo Jacinto Benavente, acudió Asquerino a Radio Pontevedra y desde allí explicó con emoción a su nutrida audiencia la razón de aquel reconocimiento personal: “En la historia de mi vida de actor -contó-, el nombre de Mercadillo es el hilo que señala mi mocedad de artista y define mi responsabilidad como primer actor”. El joven Asquerino había asistido a una representación de “La Casa de la Troya” en Madrid cuando había cantado Mercadillo, y aquella actuación del barítono gallego sin duda le llegó al alma, tal y como trasladó con su encendido y poético elogio personal. “Mercadillo -recordó- cantó, allá por el año 1919, llenando de armonías la cuadrícula luminosa del escenario del Teatro de la Comedia. Mercadillo merece un homenaje porque llevó por Castilla el eco de la lírica nativa, desgranó en los corazones, como copas de oro, las perlas de los versos de Rosalía. Fue su voz el ruiseñor de estos bosques milenarios que dicen las canciones de gesta, que marcan el rítmico paso de la Santa Cruzada. Con su voz de hombre, voz ancha y fuerte, cantó toda su vida como canta el Sil y canta el Miño.” Esta intervención de Asquerino a través de las ondas de la emisora EA-J-40 fue recordada luego con su característica minuciosidad por Prudencio Landín en una crónica postrera que dedicó a Mercadillo con motivo de su 84 cumpleaños, cuando el artista ya estaba maltrecho. Tan cariñoso texto publicado en FARO se perdió luego entre sus páginas. Landín no vivió el tiempo suficiente para incluirlo en un cuarto volumen de la serie “De mi viejo carnet”, que nunca llegó a editarse. El día del debut de su compañía en el Malvar, 15 de julio de 1949, con Mercadillo como invitado especial y el patio de butacas abarrotado de un público entregado de antemano, Mariano Asquerino salió al escenario y dedicó la función al barítono en medio de una prolongada ovación. Mariano Urdiaín Asquerino (padre de la actriz María Asquerino) ocupó por derecho propio un lugar destacado de la escena española durante la primera mitad del siglo XX. Quizá aquella tarde, recordó con nostalgia su primera actuación en Galicia antes de la Guerra Civil, precisamente interpretando el papel de Gerardo en “La Casa de la Troya”, formando pareja con Mary Carrillo, otra gran actriz de imborrable recuerdo.

Compartir el artículo

stats