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Ánxel Vence.

Crónicas galantes

Ánxel Vence

Pérdidas y ganancias del coronavirus

La pandemia nos hunde a todos en general, aunque solo sea en la depresión; pero no es menos verdad que a unos les beneficia y a otros (los más) les perjudica. Es la milenaria doctrina del yin y el yang, una ley de compensaciones que acaso por su origen chino sea de atinada aplicación a los efectos de este virus nacido en Wuhan.

La lista de damnificados es tan extensa que acaso no quepa en el limitado espacio de una croniquilla. Sufren los hosteleros forzados al cierre; los negocios que viven del turismo; las empresas de transporte por tierra y aire; el comercio tradicional; y, en general, todos aquellos que no pueden vender su producto. Y por supuesto, aquellos fabricantes que no encuentren un canal de salida a sus manufacturas.

Hay beneficiados, sin embargo. El primero de ellos es una tienda de venta electrónica que empezó como librería ‘online’ a domicilio.

Amazon ha aumentado en un 60 por ciento sus ingresos durante el año de la pandemia, reforzando así a su propietario en la condición de segundo hombre más rico del mundo. No es de extrañar que Jeff Bezos haya delegado la gestión de la empresa a temprana edad, como se ha sabido estos días. Cuando uno alcanza la feliz condición de milmillonario, el sentido común aconseja retirarse a disfrutar de la fortuna obtenida.

Aunque no todo es felicidad en la casa del rico. Sostiene la BBC, si bien habría que comprobarlo, que la enorme crecida en el número de pedidos obligó a la firma de Bezos a hacer decenas de miles de contrataciones que habrían mermado sus ganancias. A ello tendría que sumar el gasto añadido en la desinfección de sus gigantescos almacenes y en suministrar equipos de protección contra el virus a sus empleados. Quizá exageren; pero el caso es que la facturación en sí se ha disparado.

También Facebook y Google agrandaron sus beneficios durante la pandemia, gracias al incremento de la publicidad ‘online’ propiciado por las largas horas de estancia en casa.

Otros beneficiarios del virus, aunque no lo pretendan, son los canales de televisión que han visto incrementada su cuota de pantalla –y, en consecuencia, sus ganancias por publicidad– gracias a la reclusión domiciliaria de la población. También podrían serlo los editores de libros; pero ya se sabe que la lectura no es exactamente una de las pasiones de este país (y quizá de ningún otro).

Particularmente, los canales de streaming como Netflix, tan demandados por los adictos a series y pelis, ganaron un 34 por ciento más de clientes en España: y eso solo si se cuentan los meses del período de confinamiento puro y duro.

Más obvio aún parece que el ramo de los medicamentos haya sacado su parte de la epidemia; y no solo por la producción de vacunas. Se están despachando más antidepresivos y tranquilizantes que nunca, lo que sin duda redundará en las cuentas de las empresas. A lo que hay que agregar la alimentación y los negocios ‘online’ en general, aparte de los ya antes citados.

Parece deducirse, en fin, que todas las crisis –y esta no resulta de las pequeñas– son, además de un desastre, una oportunidad para el progreso, según la conocida interpretación de Albert Einstein. La cuestión reside más bien en que el número de beneficiarios exceda al de los que las padecen: y este no tiene pinta de ser el caso. Solo queda dar la enhorabuena a los agraciados e implorar que el virus se vaya pronto.

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