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IN MEMORIAM

La profesión más bonita

En los edificios de los Juzgados de Vigo Antonio Romero es Don Antonio. Es el Decano. Esto sólo puede significar que dejó huella, como juez y como persona. Por eso hay una palabra que se repite en las últimas horas en los mensajes de mi móvil: era encantador. En su persona se acrisolaba su alma de juez con la bonhomía, el sentido común y la prudencia, dejando un surco de virtudes judiciales que todos reconocemos, ahora mirando al Cielo.

Decano de los Juzgados de Vigo durante una década y miembro de la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia de Galicia, Magistrado emérito de la Sala Primera del Tribunal Supremo, y Presidente de la Asociación Profesional de la Magistratura en Galicia. En esto se resumen sus pasiones y virtudes profesionales, como juez total, en su aspecto gubernativo, jurisdiccional y asociativo. Y en el ejercicio de todas ellas, defendió los intereses y las necesidades judiciales de esta ciudad, siendo nombrado por eso Vigués Distinguido. Afable de trato, de humor fino y consejo certero – ¡cómo voy a echar de menos sus visitas a mi despacho como regalos de sabiduría! – no quiso dejar nunca de estar en activo, acudiendo a actos judiciales y asociativos siempre que su salud se lo permitía. Para nosotros eran momentos para detener el tiempo, porque una mirada a la experiencia del pasado nos prepara para el presente y nos avisa para el futuro, y desde luego, reconforta al que la transmite.

Preparador y maestro, padre y abuelo de juristas, estar con él generaba la ilusión de compartir la profesión más bonita, de cuidar la joya de ejercer un Poder del Estado sin perder la visión de servicio público, animándonos a la pelea continua que debemos afrontar para dignificar la función judicial. No será necesario guardar para siempre sus consejos y sus conversaciones, porque las tenemos cinceladas en el recuerdo.

*Magistrado. Decano de los Juzgados de Vigo

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