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Las declaraciones del ministro Garzón a Canal Sur, en las que sostiene que no hay evidencias científicas para pensar que las mascarillas FFP2 protegen mejor contra el coronavirus, lo único que dejan claro es que nuestro ministro de Consumo es un ignorante. Salvo que haya que ponerse en la hipótesis peor, que pretende engañarnos a sabiendas. Al ministro Garzón le habría bastado con leerse el informe que publicó la Organización Mundial para la Salud el 27 de febrero del año pasado para saber lo que protegen las mascarillas. Pero, claro es, en esa fecha el Gobierno negaba hasta que hubiese riesgo de contagio de la COVID-19.

El informe de la OMS deja bien claro que para obtener una protección eficaz se debe contar con un equipo personal (EPI) que incluya guantes, mascarillas quirúrgicas, gafas protectoras o un protector facial y bata, añadiendo que, en determinadas circunstancias, hay que utilizar mascarillas FFP2 o N95, su equivalente en Estados Unidos. Más adelante el informe aclara que, a falta de un EPI, en las emergencias de salud pública que involucran enfermedades respiratorias agudas –como las causadas por el coronavirus– las mascarillas FFP2 mantienen su protección en periodos extendidos. Pero se debe evitar usarlas durante más de cuatro horas seguidas. Las quirúrgicas, ni las menciona como alternativa útil.

Es obvio que el informe de la OMS está pensado para los médicos que atienden a los pacientes de la CoOVID-19. Pero de lo que se trataba es de averiguar si el ministro miente cuando dice que las FFP2 no protegen más. Por supuesto que sí lo hacen y, por eso, se exigen en algunos países europeos con ministros más leídos –o más veraces– hasta para ir al supermercado. Porque también queda clarísimo que las personas con alto riesgo como las mayores, las que cuentan con inmunodeficiencias y las que padecen otras enfermedades como la diabetes, por poner un solo ejemplo, deben utilizar la protección más alta. En cualquier caso, cae por su propio peso que las FFP2 protegen más a cualquiera que las quirúrgicas, pensadas para que si uno cuenta con virus, no los eche al aire.

Lo que sucede es que ha vuelto a suceder lo que pasó cuando el inefable Fernando Simón decía que se desaconsejaba utilizar mascarillas –de cualquier tipo– por la razón bien simple, aunque eso no lo decía, de que la imprevisión gubernamental había llevado a que no hubiese a la venta en las farmacias. Ahora que sí las hay, de lo que se trata es de evitar que el ciudadano piense que los ministros dicen lo que les conviene a ellos por razones políticas y no lo que nos conviene a nosotros por razones sanitarias. Pero, por desgracia, así es. Por cierto, si Garzón quiere saber a ciencia cierta lo que protegen las FFP2 basta con que le pregunte a su mujer. Es médico en un hospital de Madrid.

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