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Herminio Huerta

La conciencia y el virus

La gestión de la pandemia

Por mucho que uno lo intente, en estas circunstancias que vivimos, es prácticamente imposible sustraerse a comentar algo de lo del virus que, si no me equivoco, llevará a la tumba a cien mil españoles y, a mas de un millón los dejará con secuelas físicas y mentales, en la ruina económica, sin empleo y con las expectativas de vida frustradas.

Es muy difícil culpabilizar a alguien del desastre, pero sin duda, la gestión de esta pandemia podía haberse llevado a cabo de una manera mejor.

Todos podemos recordar que al comienzo de la peste, nuestros gobernantes, lanzaban el mensaje de que el uso de las mascarillas era ineficaz. Esta barbaridad era consecuencia de que no había disponibilidad de ellas por la falta de previsión y la mala gestión de abastecimiento y, los responsables no tuvieron otra ocurrencia que divulgar que no servían para proteger. Hay que preguntarse: ¿esos miembros del ejecutivo que tal cosa decían, tendrán sobre su conciencia el peso de las muertes de ciudadanos que se han producido por no tener y no usar mascarilla?

Algo parecido está ocurriendo con las vacunaciones. En este caso la gran culpa hay que achacársela a la Comisión Europea (CE), que ha negociado deficientemente con las farmacéuticas sin atar bien las cláusulas de los contratos, anteponiendo el precio de las dosis a la salud de los europeos. El resultado es que el proceso de vacunación va al ralentí por escasez de vacunas. A ese fiasco, hay que añadir que las autorizaciones de la CE a los medicamentos van muy lentas. Fíjense que la vacuna de Astra Zeneca fue aprobada en Europa un mes después de que el Reino Unido empezara a inocularla. Exactamente lo mismo va a ocurrir con la de Johnson & Johnson. Vuelvo a preguntar: ¿Cuántos muertos están costando estas imprevisiones de las autoridades europeas?, ¿quién tiene esos fallecimientos sobre su conciencia?

Hablando de conciencia, ¿dónde la tendrán todos esos servidores públicos que se han colado para conseguir ser inmunizados, saltándose las normas y perjudicando a los ciudadanos que, según el protocolo, les correspondía el pinchazo? De todos ellos, lo que mas me sorprende son los dos obispos, pues se supone que están investidos de una fe inquebrantable, pero parece ser que les aterra reunirse con el Creador, así que se han saltado –aquello de ¿sabe usted quién soy yo?– todas las reglas. Me temo que esos dos no van a conseguir estar a su vera.

Por otra parte, hay dos cuestiones relacionadas con la pandemia a las que no se les da la divulgación necesaria en los medios; son, por un lado, las multas que se imponen por saltarse las normas, confinamientos y restricciones, que al parecer no llegan a los infractores, con lo cual, si esto es cierto, tienen el mismo tratamiento los que pillan en una fiesta ilegal multitudinaria sin protección alguna, que los ciudadanos que observamos las normas a rajatabla. La otra cuestión que tampoco se airea es que cada enfermo que entra en la UCI afectado de coronavirus, independientemente de los días que permanezca allí, nos cuesta, entre pruebas, medicación, aparatos, personal etcétera, una media de unos 60.000 euros. Como es lógico, cuantos mas días permanezca, el coste se incrementa pudiendo alcanzar por paciente los cien mil. Como es lógico, esto lo paga la sanidad nacional que se nutre de los impuestos de todos, por lo que lo lógico es que estemos informados de esta cuestión.

Algo positivo que sacamos de este desgraciado proceso es que la ciencia y los científicos han obrado de una manera admirable y eficaz pues han logrado en un año tener vacunas disponibles cuando el proceso normal tiene una duración entre dos y tres. Sin duda es un gran logro de la ciencia, aunque hay que matizar que las industrias farmacéuticas, que se mueven únicamente por interese económicos, en esta ocasión han puesto a disposición de los equipos de investigación unas ingentes cantidades de dinero que les anticiparon los países, lo que ha contribuido a que el proceso de conseguir la vacuna haya ido tan rápido. Como curiosidad les diré que esas multinacionales farmacéuticas, después de muchos años, todavía no se han dedicado a la investigación para conseguir una vacuna contra la malaria, que mata al año a un millón de niños subsaharianos y, sin embargo, si han logrado en un corto tiempo, un medicamento que trata la disfunción eréctil. La cosa esta clara, los africanos no pueden pagar el medicamento contra el paludismo y, sin embargo, la viagra se consume en los países ricos. Como ven, el interés de la investigación de estas multinacionales se activa solamente cuando hay pasta por medio.

¡Qué poca conciencia!

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