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Camilo José Cela Conde.

Fusilamientos

La crispación política española

Que los militares ya jubilados tienen el mismo derecho que cualquier otro ciudadano a expresar sus opiniones políticas está fuera de toda duda. Que los comentarios políticos, ya sean de exsoldados o no, pueden suponer un delito es también obvio incluso si se rechaza el remilgo de la corrección extrema que impera hoy por todas partes pero, en particular, en nuestro país. Así que poco se puede objetar al hecho de que la fiscalía provincial de Madrid haya abierto diligencias destinadas a investigar la conversación que han mantenido por Whatsapp algunos de los componentes de la XIX promoción del Ejército del Aire, una charla en la que aparecen verdaderas barbaridades que seguirían siéndolo si no tuviésemos –como sucede con el Reino Unido– una Constitución.

Sería cosa de no tomarse a broma los disparates que se sueltan en contextos como el indicado. Pero resulta imposible dejar de preguntarse cómo resolvería uno de los tertulianos, general en sus tiempos de militar en activo, su convicción de que hay que matar a 26 millones de españoles. ¿Cómo? ¿Fusilándolos? Menudo ejército de pelotones de ejecución habría que montar, habida cuenta de que el mismísimo Stalin solo pudo asesinar a 50 millones de sus compatriotas según el cálculo realizado por Zbigniew Brzezinski; incluso si damos por buena la cifra que aventuró el premio Nobel Aleksandr Solzhenitsyn en su “Archipiélago Gulag” estaríamos hablando de 88 millones. Una nimiedad, si comparamos las poblaciones respectivas de la Unión Soviética y de España. Más prudente fue incluso Adolf Hitler cuando nos referimos a la cifra habitual de seis millones de judíos, gitanos y comunistas exterminados.

Así que el exgeneral tan soñador como belicoso tendría que explicar cuáles son sus planes para liquidar tanta gente. La población española no llegaba a 48 millones de personas en el mes de julio de este año, así que a cada superviviente designado le correspondería liquidar a más de un compatriota. Teniendo en cuenta que el ensayista de los fusilamientos incluye de forma expresa a los ancianos y a los niños en la nómina de los dignos de ser ejecutados, imagino que también los muy viejos y los que aún maman deberían encargarse de su cuota respectiva de muertes. Un procedimiento, según se ve, complicado. La única manera de conseguir millones de muertos es un conflicto bélico; uno muy serio porque tomando en cuenta todas las bajas de la Segunda Guerra mundial se alcanzan unos 55 millones de muertos.

Parece que el asunto va de eso: de montar cuanto antes una segunda parte de la guerra civil que destrozó España hace cosa de ochenta años. Y ahí se acaban las bromas porque la escalada de la crispación política en la que andamos metidos se parece cada vez más a lo que se decía y se oía poco antes del 18 de julio de 1936.

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