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Ánxel Vence.

Crónicas galantes

Ánxel Vence

El otro Gordo de las navidades

La posibilidad de infectarse por el virus de la COVID-19 ha sido de un 10 por ciento en España este año, en tanto que la de ganar hoy el Gordo es de una entre 100.000. Curiosamente han bajado las ventas del sorteo de Navidad, aunque podrían ser muchos, al parecer, los que apostasen la salud en las cenas de Nochebuena y en las anchas reuniones familiares propias de estas fechas.

Si uno de cada diez españoles se ha contagiado ya (aunque no todos se enterasen), resulta obvio que tenemos un montón de números en el bombo para que nos toque el virus como postre de las fiestas.

Cierto es que el Gobierno y los reinos autónomos (con alguna excepción) no han contribuido gran cosa a disuadir a los apostantes. Mientras la mayoría de los países de Europa, encabezados por Alemania, optan por pasar de estas fiestas que bien podrían hacernos la Pascua, aquí puede que se permitan reuniones de familiares y hasta allegados que habitualmente viven separados el resto del año.

La canciller Ángela Merkel, poco partidaria de ciertas apuestas, no ha dudado en cerrar su país hasta el 10 de enero ante el temor a una tercera ola de contagios. Pero no es la única.

En Francia, donde están cerrados bares, restaurantes, cines, discotecas y museos, el Gobierno ha recomendado a la población el confinamiento domiciliario preventivo. En el Reino Unido, el otrora alegre Boris Johnson ha decidido confinar a 20 millones de súbditos de la Reina. Más severas son aún las medidas adoptadas en los Países Bajos, donde se ha suspendido toda actividad no esencial (entre la que se incluyen los prostíbulos); y en Bélgica, Polonia, Grecia y otras naciones de la UE.

Sorprendentemente liberal en este aspecto, que no en otros, España afronta las navidades en un clima de tranquilidad que no se compadece demasiado con el riesgo cierto del virus. Las recomendaciones gubernamentales son lo bastante livianas y confusas como para que cada cual haga lo que le parezca. Es de temer, por tanto, que algunos compren un décimo para la pedrea del SARS-CoV-2.

Se trata de una apuesta mucho más arriesgada que la del Sorteo de Navidad; y eso aun teniendo en cuenta que el Gordo ofrece una entre cien mil posibilidades de acertar con el número. Muchas más que la Primitiva, en la que existe tan solo una entre 14 millones; o la vieja quiniela de fútbol, con una probabilidad por cada cinco millones de acertar todos los resultados. Del Euromillón ya ni hablamos, claro está, dado que ahí la oportunidad de llevarse el bote se reduce a una opción entre 114 millones.

Ninguna de estas desalentadoras previsiones de la aritmética disuade a los jugadores, contra lo que parecería lógico. Pero tampoco estamos hablando de lógica, sino de la esperanza más bien emocional de obtener un premio que nos permita dejar el trabajo y cualquier otra preocupación. Ya se sabe que el dinero no da la felicidad, pero produce una sensación tan parecida que se necesita un especialista avanzado para notar la diferencia, según observó en su día Óscar Wilde.

Más asequible parece el premio del coronavirus, que hasta ahora le ha tocado a uno de cada diez españoles de acuerdo con el estudio de seroprevalencia del Instituto de Salud Carlos III. Dado que se trata en todos los casos de un juego de azar, solo queda desearnos suerte a los apostantes de hoy. Y a los de la otra lotería de las fiestas, claro.

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