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Ángeles Marra opinadora

Dignidad para vivir. Dignidad para morir

Decidir cómo vivir nuestra vida es un derecho que está fuera de dudas. A quién amar, qué estudiar, en qué lugar vivir, qué causas defender, por quién llorar. El derecho a elegir nuestra felicidad. El derecho a vivir una vida plena, en todos sus aspectos. La muerte forma parte de la vida. No hay mayor verdad que solo hace falta estar vivo para morir. Entonces, ¿qué hacer en el momento en que la vida ya no pueda llamarse así? ¿qué hacer cuando vivir se convierte en un infierno de sufrimiento, dolor y olvido?

Esta semana el Congreso de los Diputados aprobó la Ley de Eutanasia. Este es un hecho de gran importancia, pero aún lo es más el derecho que regula. El derecho a una muerte digna, regular esa última decisión de poner fin a una vida, el derecho a liberarse de un sufrimiento irreversible, insoportable e inhumano. Ello supone una gran avance hacia una sociedad más justa y solidaria. Una nueva conquista social que nuevamente viene de la mano del Partido Socialista.

El avance viene respaldado por un amplio acuerdo transversal: 198 de los 350 votos del Congreso. Nuevamente, al margen de este avance histórico han quedado Partido Popular y Vox. Sus discursos inaceptables (“industria de la muerte” o “asesinato”) evidencian que la derecha y ultraderecha siguen ancladas en el pasado. Ignoran deliberadamente lo que la gran mayoría social demanda: cerca de un 84% de la población, 40 millones de españoles, se muestra favorable a la eutanasia, y un millón de firmas se han presentado para despenalizarla en el Congreso.

España, al aprobar el derecho a una muerte digna, se sitúa a la vanguardia en Europa, junto con Holanda, Bélgica y Luxemburgo. Se refuerza así el espíritu de conquista social que supusieron la ley del matrimonio homosexual, la ley de violencia de género o la ley de igualdad. La mayoría, en el Parlamento, ha aprobado el respeto a la autonomía personal y la opción voluntaria de poner fin a la vida. Es, por tanto, una ley garantista, realista y consensuada. Es dar a las personas la capacidad de ejercer su último derecho, de defender su libertad personal para decidir una muerte digna ante “una situación de padecimiento grave, crónico e imposibilitante o de enfermedad grave e incurable, padeciendo un sufrimiento insoportable que no puede ser aliviado en condiciones que considere aceptables”. Un derecho inherente a la condición humana. Avanzamos en libertades, en derechos civiles y en dignidad. Avanzamos en humanidad.

*Diputada Socialista por Pontevedra en el Congreso de los Diputados y Doctora en Economía Universidad de Vigo

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