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Ceferino de Blas.

La nueva fisonomía urbana

La rehabilitación del casco antiguo de Vigo puede suponer la mayor transformación urbanística de las últimas décadas, que aporte una nueva fisonomía a la ciudad.

De ahí la responsabilidad que contraen los arquitectos que se encarguen de las obras, a los que cabe exigir la máxima profesionalidad y que estén a la altura de sus predecesores de principios del pasado siglo que construyeron el Vigo tan bello que luce en los edificios y conjuntos de las calles céntricas.

Un urbanismo que, en 1916, el capitán del trasatlántico “Araguaya”, Mr. W.J. Dagnall, que hacía la ruta entre Inglaterra y Sudamérica, calificó de “suntuoso”, después del recorrido que realizó por las principales calles y avenidas en compañía del consignatario del buque, Estanislao Durán.

Sin embargo, su opinión del “skyline” de la ciudad era bien distinta: “Desde a bordo no parece Vigo lo que en realidad es”. Y apostillaba el periodista al que hace la declaración. “Eso se debe en gran parte a que no hemos cuidado de hermosear la orillamar de la población”.

Era el 6 de febrero de 1916, en plena Gran Guerra, y en ese barco, que procedía de Falmouth, viajaba de incógnito Mata Hari, a la que las autoridades británicas no habían permitido pasar a Holanda. Sería su último viaje, ya que tras regresar semanas después en tren a París, sería detenida, juzgada y ejecutada. Aunque se hospedó en el Continental, nadie salvo los espías -–Vigo estaba infestado de ellos– supieron quién era, pues viajaba con su nombre de pila, Margaretha Geertruide Zelle.

Ahora, con la urbanización del Barrio del Cura, se presenta la oportunidad de “hermosear la orillamar”, de forma que los pasajeros de los barcos que se acerquen perciban un paisaje mejorado. Es una obra fundamental para el perfil marítimo de Vigo.

Pero no sólo es este espacio, tan significativo por su ubicación y el volumen de construcción prevista, el que vaya a modificar la fisonomía urbana. Hay otros ya anunciados en el casco antiguo.

Aparte de la Panificadora, que ojalá se desatasque definitivamente, y cuya rehabilitación marcará un hito arquitectónico, otras dos promociones transformarán la imagen parcial que ahora ofrece la urbe: una de ellas son las casas que están frente a la concatedral. Su desaparición dará prestancia a la plaza de la Iglesia, al templo y al entorno.

Pero sin duda el proyecto más interesante, por su ubicación, es el que afecta a los edificios de la plaza de Arguelles (antigua plaza de la Hierba). Si el epicentro de Vigo es la Puerta del Sol, desembocadura de las calles Príncipe y Policarpo Sanz, que accede a la plaza de la Constitución, y sigue a Elduayen y el Paseo de Alfonso, cabría suponer que es el espacio mejor cuidado. Por eso los forasteros se sorprenden, al llegar a la Puerta del Sol, y al mirar a lo alto contemplar unos edificios ruinosos, que afean el conjunto. Por fortuna, se ha presentado un proyecto de rehabilitación de esos edificios, que es imperativo se ejecute con rapidez, que dignificará el lugar.

Lo dicho: la rehabilitación y reforma del casco antiguo aportará a la ciudad una nueva imagen urbana. De ahí la responsabilidad de los técnicos con las obras que acometan. A principio del pasado siglo, un grupo de arquitectos artistas edificaron la ciudad moderna que todavía admiramos. Ahora el reto es de los coetáneos, a los que corresponde crear la fisonomía urbana del futuro, comenzando por la recuperación del casco antiguo.

Ojalá los vigueses puedan sentirse orgullosos del ingenio de los nuevos arquitectos a los que se encomiende esa misión.

Aunque parezca sorprendente, quizá en el futuro pueda decirse que es el urbanismo que surgió con la pandemia.

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