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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

El consuelo

La verdad es que, tal como están las cosas, conforta –o quizá sería mejor decir que consuela– la negativa de la Xunta a compensar a autopistas y autovías de Galicia por el descenso de ingresos que les produce la reducción del tráfico. Alegan que es a causa de la pandemia o, para ser del todo exactos, del confinamiento perimetral que afecta a la movilidad ciudadana, pero en todo caso la negativa resulta más que justificada: de aceptarse, habría que indemnizar también a las personas que se ven obligadas a permanecer en sus domicilios por causa del COVID.

La opinión que se deja expuesta puede resultar discutible, por supuesto, como la comparación establecida. Pero hay otra que acaso compartan incluso los peticionarios; cuando, por obras u otras causas de larga duración, se cierran al tráfico las de la compensación: visto que en el antiguo arte –muy devotas de peaje–, quienes las explotan no reducen o eliminan las tarifas. Para ser exactos, solo cuando alguna sentencia judicial los ha obligado: el colmo sería que cuando los afectados son los viajeros, hubieran de abonarlas por no transitarlas.

En todo caso, y sea cual fuere el punto de vista de cada cual –cosa distinta una decisión de los tribunales–, hay situaciones concretas especialmente adecuadas para quien con razón o sin ella, se intenten obtener algunas ventajas aprovechando una emergencia o fuerza mayor. Pero uno de los efectos del llamado estado del bienestar ha sido extender tanto la costumbre de considerar “derechos” lo que son más bien datos positivos de una circunstancia favorable que no le queda a lo público otro remedio de aplicar lo que “frente al vicio de pedir está la virtud de no dar”.

No se trata, conste, de aprovechar la antigua colección de dichos y proverbios para arrimar el ascua a alguna opinión discutible para convertirla en un “trágala”. No obstante, valdría la pena, siquiera a modo de curiosidad, abrir un debate acerca del alcance real de lo que se llama bienestar y de las auténticas posibilidades de complacer a una gran mayoría de la sociedad actual sin hipotecar hasta límites imposibles a la futura: el ritmo de la historia señala que va por ciclos, y que a la opulencia suele seguir la escasez. Y cuando hay pandemias, incluso la ruina.

Algunos sociólogos, y no pocos filósofos, han planteado de un modo u otro esa cuestión, que es propia de estos tiempos. Y especialmente en territorios que, como Galicia, arrojan al menos en el concepto habitual de riqueza material arrojan un déficit crónico. Que no permite hablar de pobreza stricto senso, y mucho menos de miseria, pero sí de que el bienestar es relativo y por tanto para mejorar precisan de la solidaridad de otros. Y la oportunidad antes citada es en estos momentos más que oportuna porque la solidaridad constitucional está en peligro a causa de los intereses de quienes, para lograr objetivos, no dudan en dar a sus amigos más de lo que les corresponde a costa de su adversarios. Y quien lo dude que repase con cuidado los presupuestos generales del Estado para 2021.

¿Eh…?

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