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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

Las letanías

Pues, la verdad –dicho con el máximo respeto– no parece muy discutible que determinadas entidades autonómicas, incluso las que aparecen en el Estatuto, tengan otro papel que las antiguas letanías que cerraban algunos actos de culto. Se repetían con respeto y de memoria –incluso había quien las dominaba en latín, aparte el oficiante, por supuesto–, pero causaban poco efecto. Lo que sucede ahora, verbigratia, con los informes del Valedor –o Valedora– do Pobo o las diatribas del Consello de Contas, que no hace mucho, por cierto, fueron por partida doble.

Parece útil que, antes de proseguir, se deje del todo claro que la referencia a ambas instancias nada tiene de intención crítica ni mucho menos debe considerarse un desprecio. Lo que ocurre es que al carecer de fuerza coercitiva, sus decisiones, informes, recomendaciones, etcétera son –y por seguir con ejemplos referidos al medio eclesiástico– como la prédica de fraile, que por un oído entra y por otro sale. Sin más, aunque mucha gente pone cara y hace gestos de atención y, después, promesas de tener en consideración sus tareas. Y a veces hasta puede que lo intenten.

Lo curioso del caso es que hay ocasiones en las que se echa de menos la ausencia de una capacidad real para que se tengan en cuenta sus trabajos. Aunque solo fuere por el asombro que produce en la gente del común la noticia que acaba de publicar este periódico acerca de que –según el Consello de Contas– un 90 por ciento de las facturas que municipios guardan en el cajón –se supone que para retrasar sus pagos– es “irregular”. Y como cada cual puede obtener conclusiones, habrá quien se pregunte qué pasaría con los que las presentan para su cobro.

Ya puestos, también vendría a cuento –y podría ser muy útil– averiguar qué ocurriría –un suponer…– con los vecinos que no paguen los impuestos municipales. Y además guarden los recibos en un cajón, alegando en su descargo que el servicio por el que se los remiten no ha sido insatisfactorio o ni se ha prestado. Aunque resulta ingenua cualquier duda que hubiere acerca de la sanción que recibiría; ya se sabe que cualquier administración hace con sus deudores lo que un centinela en tiempo de guerra: primero dispara –o sea, sanciona– y después pregunta.

Cosa distinta, sin embargo, sucede cuando quien le reclama, la llama al orden o le formula reproches, es la Valedora do Pobo, por ejemplo, que expone quejas o reclamaciones de sus defendidos y a la que responden con esmero –aunque a veces sin celeridad– que toman buena nota de cuanto se les dice y a veces de tenerlo en cuenta, y aquí paz y después gloria. Y en cuanto al Consello de Contas, que también envió recado al Servicio Galego de Saúde por las suyas, tres cuartos de lo mas por las suyas. Aunque, eso sí, se cumplen las formalidades. Pero eficacia, lo que se dice eficacia, poca. O ninguna, como las letanías.

¿Eh…?

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