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Faro de Vigo

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Rafa López opinador

La cena de los idiotas

Como el lector ya sabrá, varios ministros del Gobierno, incluido el de Sanidad, y prominentes políticos del PP y Ciudadanos, incluyendo sus respectivos líderes, fueron fotografiados sin mascarilla durante un acto celebrado esta semana en Madrid. El escándalo ha sido tal que el diario “online” que organizó el evento retiró algunas de esas fotografías de su web, ignorando el primer principio que rige el mundo digital: toda la información que aparece en el ciberespacio es susceptible de ser copiada y, como ratifica la ley de Murphy, si es perjudicial para el emisor, con toda seguridad será copiada. De ahí que las capturas de imagen hayan incendiado, como se suele decir demasiadas veces, las redes.

Explicó Pedro J. Ramírez, director del diario organizador del acto, que se respetó en todo momento la distancia de seguridad y la obligatoriedad del uso de mascarillas, que solo se quitaron para comer y beber. Pero las fotografías indicaban que esto no fue así: algunos comensales estaban a un metro o menos de distancia entre sí en las mesas, y se retiraron el tapabocas cuando los platos y las copas estaban aún vacíos. Y todo ello en un espacio cerrado, solo ventilado antes de la ceremonia, que se prolongó durante más de dos horas.

Hay que recordar que, hace unas semanas, un acto celebrado en el Jardín de Rosas de la Casa Blanca fue calificado como un “evento supercontagiador” por epidemiólogo principal de Estados Unidos, Anthony Fauci. Se produjeron varios contagios de Covid-19 entre los asistentes, que no llevaban mascarillas, y eso que el evento se celebró al aire libre, lo que, según los científicos, reduce en unas 20 veces las probabilidades de transmisión del coronavirus. “Las imágenes hablan por sí mismas”, dijo Fauci, que se llevaría las manos a la cabeza ante las fotos tomadas en el salón del Casino de Madrid.

Pésimo ejemplo han dado a los españoles los padres de la patria, y así lo reconocieron al día siguiente tanto el ministro de Sanidad, Salvador Illa, como el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y el diputado de Ciudadanos Edmundo Bal. Que tres destacados políticos del partido en el poder y de la oposición hayan admitido su error y pedido disculpas, aunque fuera con la boca algo pequeña, es algo que les honra, aunque a ellos podría aplicárseles la frase que en su día Manuel Fraga le espetó a Felipe González, para reprocharle que el Gobierno “solo acierta cuando rectifica”.

¿Cómo le explicamos ahora a los ciudadanos que no pueden quitarse las mascarillas cuando, por ejemplo, acuden a un bar a ver un partido de fútbol, gritar los goles y protestar las decisiones arbitrales? ¿Entenderán que permanecer dos horas en un local cerrado y sin mascarilla, con la excusa de que tienen una cerveza encima de la mesa, es una irresponsabilidad?

Lo ocurrido el pasado lunes puede calificarse como “la cena de los idiotas”, como aquella excelente comedia francesa de finales de los noventa. La palabra “idiota”, nos recuerdan los expertos en etimología, comparte raíz con “idiosincrasia” e “idioma” y designaba en su origen, en la antigua Grecia, a aquel que se preocupaba solo de sí mismo, de sus intereses privados y particulares, desentendiéndose de los asuntos públicos o políticos. Pronto el término adquirió un matiz insultante, ya que en la cultura griega y romana se consideraba deshonroso no participar de las cuestiones de la cosa pública, de la “res publica”.

Mal vamos cuando destacados ministros y parlamentarios de los principales partidos del país se olvidan de su dimensión pública en un acto al que, como ellos mismos explicaron, acudieron como representantes políticos. Es decir, que estaban trabajando. Esperemos que, además de la del convite, no llegue en breve otra dolorosa cuenta en forma de infectados de Covid-19.

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