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Javier Sánchez de Dios.

CRÓNICA POLÍTICA

Javier Sánchez de Dios

Las facturas

A estas horas, y ya con los Presupuestos Generales del Estado en un horizonte próximo –o al menos en eso confía la coalición gobernante– es probable que una buena parte de aquellos a los que se garantizó “no dejar atrás” durante la pandemia de nunca acabar esté mosqueada. E incluso se haya sumado a la creciente legión de los que opinan que a los profesionales del oficio político es preferible tenerlos enfrente. Porque los hechos demuestran, frente a las palabras, que con “amigos como ésos” no necesitan ni enemigos ni prestamistas que los saquen de apuros económicos.

Eso deben pesar, seguramente, los responsables de cientos de pequeñas y medianas empresas y los miles de autónomos gallegos que, en cosa de un par de meses han de comenzar a devolver, con intereses, los fondos perdidos, las “ayudas” que les dieron para no perder el paso. Y para colaborar en el sostenimiento de un sector que casi todos los expertos reconocen como vital en la estructura económica de Galicia y, por ello. claves para que tenga un futuro. Objetivo casi imposible, a la vista del importe de las facturas emitidas por la autoridad fiscal competente.

Alguien habrá, sin duda, que echando mano del antiguo argot mercantil, replique la ingenuidad que se cita con la conocida frase de “nadie da duros a cuatro pesetas”, acaso con la salvedad de algún mecenas que busque beneficios fiscales además de probar su amor al prójimo. Pero el desesperante cinismo de quienes ejercen aquí la gobernanza insistirá en que “España” –y, se supone que dentro de ella Galicia– “es un “ejemplo de política social para toda Europa”. Y habrá quien se lo crea, porque el coro que acompaña a la prédica es digno de “La Traviata”.

Ahora mismo, los mejores solistas de ese coro tratan de disimular, verbigratia, que las Cuentas Generales que se van a presentar en el Parlamento describen mejor que ninguna cantata un pasaje épico. Se trata de la derrota de Nadia Calviño, supuesta patrona de la moderación, frente a Iglesias, demostrado retocador del marxismo para llevarlo aún más a la izquierda que su fundador pretendía. Ese desenlace es funesto, aunque siempre cabe la esperanza de que la Europa unida deje de hacer el Tancredo y se decida a intervenir, como en el episodio de la reforma judicial que Sánchez pretendía para blindarse. Por si acaso.

En esta tesitura cabe preguntarse de nuevo qué puede pasar, financieramente hablando, con Galicia. Y no hay otra respuesta que la habitual: no pinta bien dados los precedentes en reparto de la coalición PSOE/Podemos. Se resumen en tres variables, que son generosidad, racanería y hostilidad con distintos matices recientes, pero que no alteran el producto. La primera es para los socios preferentes, PNV y ERC y algo menos para Liliput, los pequeños que, al sumar a favor, dan más lustre al resultado. La segunda, la racanería, se aplica al puñado de Ciudadanos que recitan las letanías gubernamentales para sobrevivir o al solitario diputado del BNG, que confirma con los diezmos. Y la hostilidad es abierta para los de Vox y matizada para el PP –desde el discurso de Casado en la censura ya no lo consideran “fascista”–. Y como Galicia tiene a Feijóo, que es veterano en el centro al que dice aspirar ese Partido, puede que le toque algo de los restos. Si quedan, claro.

¿Eh?

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