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Una de las sorpresas que de cuando en vez proporciona la Historia es la de enfrentar la teoría con la práctica. Sorpresas que no siempre son desagradables, ni tampoco inútiles por definición, ya que permiten delimitar sin ir más lejos las fronteras entre la gente seria y los farsantes. Un caso llamativo –y repetido– es el del ministro Ábalos, empecinado a lo que parece en desautorizar a Einstein en lo que a la relatividad se refiere. Incluyendo sus tesis sobre el espacio/tiempo, sobre todo en cuanto a las obras públicas en Galicia, plazos de las infraestructuras y demás historias.

La más reciente de sus visitas dejó la sospecha –fundada– en algunos de los sectores más dinámicos de este antiguo Reino acerca de si su señoría, en el fondo, le toma el pelo a la población. Porque hablar ahora de que el AVE estará en funcionamiento –no se sabe si en pruebas o de forma plena, ni con una vía o dos– en alguno de los semestres del año, o “como mucho al final del último”, contradice cuanto dejó bajo compromiso verbal en visitas anteriores. Y aparenta una variante del juego de ruleta: apostar a muchos números porque alguna vez la bolita caerá en uno de ellos.

Aparte de que eso que hace es lo que hicieron sus predecesores, tanto del PSOE como del PP, y por tanto ya ni convence ni engaña aquí a casi nadie, la audacia del señor Ábalos no se limita a lo de la alta velocidad ferroviaria para viajeros: incluye la de las mercancías. O lo que es lo mismo, la cuestión del Corredor Atlántico, sobre la que insiste en que “tendrá la misma financiación que la del Mediterráneo.

Algo difícil de creer, sobre todo si se tiene en cuenta la inflación, los costes, la crisis y la disponibilidad de fondos europeos, concentrados en el Covid-19.

Ítem más: le charlatanería –selectiva– oficial abordó esta vez la promesa que se le formuló al único diputado del BNG para “compensar” su apoyo al Gobierno central: la gratuidad del peaje en la AP-9. Quedó, el asunto, reducido a algo que ya funciona en Galicia: una rebaja para los grandes usuarios de la Autopista. Suena parecido a otros compromisos también sobre potentes consumidores, pero de electricidad; cumple esperar que lo dicho al BNG no acabe como lo de “Alcoa”. Ni como lo del traspaso de competencias de aquella vía a la Xunta.

Todo cuanto antecede no es sino una opinión personal, pero sobre hechos constatables y dichos que constan en archivos y hemerotecas. Y que coincide en parte con la de quienes sospechan que con este Gobierno y sus actuaciones –u omisiones– en Galicia, hay motivos de sobra para no fiarse. A no ser, claro, que alguien admita que la presencia en Pedralba, este lunes, de la ministra de Trabajo pueda ser una especie de garantía de que esta vez, sí. Pero, dicho sin acritud, la señora Díaz padece, al menos, de una credibilidad tan escasa como el resto de sus compañeros de Gabinete, Y ella sabe que en este Reino el más tonto hace relojes.

¿No?

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